viernes, 27 de marzo de 2015

EL SEÑOR DE BURGOS



Es una escultura con leyenda y se mantiene por fortuna; los fieles entran por una pequeña puerta que da al exterior.
Dicen que en 1765 su imagen se apareció en una visión cuando rezaba en el huerto la madre priora Sor Jerónima de Jesús, y le dijo que quería que se le hiciera en ese lugar una capilla. En la noche ella lo vio nuevamente en sueños indicándole que no se preocupara en buscar escultor que éste lo llevaría. La sorpresa de la madre no tuvo límites cuando se presentó un agustino y le dijo que le traía una talla de un Cristo Crucificado: su precio era de 400 pesos. La madre reunió 300 y le rogó un descuento. Aquel dijo que la imagen era una buena talla y que se la habían pedido para Chile pero no pudo llevarla porque cada vez que embarcaba el mar se encrespaba. No había trato y quiso levantarlo para llevárselo pero no pudo. La imagen había duplicado su peso. Buscó unos hombres y cuando quiso moverlo, la cruz se enraizó en el piso de la portería, de los brazos y del cabezal salieron ramas frondosas y comenzó un tremendo vendaval. Asustado, el autor aceptó la cantidad ofrecida y lo dejó. Actualmente, los devotos de los Barrios Altos visitan al Señor de Burgos, sobre todo en Semana Santa.
Una de las imágenes más veneradas de nuestro Monasterio es la del Señor de Burgos, conocida por el Cristo milagroso que tantas gracias y favores colmó y sigue colmando a sus devotos.
Los sucesivos terremotos que asolaron Lima debilitaron casi siempre en gran parte el templo; por ello tuvo que pasar por tres restauraciones y hoy en día necesita una cuarta restauración.
Pero lo que perdura y es cada vez más fuerte es el amor de todas aquellas hermanas nuestras que pasaron dando ejemplo de santidad y entrega al servicio de Dios y de los hermanos.
En ningún momento de nuestra historia la fraternidad de hermanas Clarisas se mostró indiferente ante los peligros eminentes de catástrofes naturales, guerras, y la extrema pobreza que varias veces desoló nuestro país. Como otras “Claras”, desde los torreones del silencio de su monasterio defendieron con fe inquebrantable a su Divino Esposo conservando la armonía y la paz de todos los peruanos; almas eucarísticas que supieron dar todo de sí por Amor, con el Amor y para el Amor.
Se acerca un nuevo despertar, no debemos de dejarlo pasar, pues con el reconstruimos el presente y seguimos amando en el futuro. Son cuatro siglos de presencia clariana en la ciudad de Lima y nunca se apagó la lámpara del sagrario; muchas almas consagradas pidiendo al Señor por la conversión del mundo entero, las necesidades de la Iglesia y la salud del Papa: “constructoras y sostenedoras de los miembros vacilantes de Cristo, la Iglesia”
fuente Juan Orrego.

 

jueves, 19 de marzo de 2015

¡FIESTA DE SAN JOSÉ, PATRONO DE LA IGLESIA UNIVERSAL!


ESPOSO DE MARÍA y PADRE VIRGINAL DE JESÚS.

FIESTA: 19 de marzo

San José es llamado el “Santo del silencio” porque no se conocen palabras expresadas por él; solo se sabe de sus actos de amor y de protección hacia la familia.

San José es cabeza de la Sagrada Familia. El hombre en quien Dios confió sus más valiosos tesoros. Esposo de María Santísima, padre virginal de Jesús. No hay en el cielo santo más grande después de su esposa, María.

En la historia de la espiritualidad franciscana, la figura de San José ha sido siempre sacada a la luz, por el importante rol de padre terrenal de Jesús. Esto ha hallado un espacio especial bajo el generalato de San Bonaventura de Bagnoregio  (siglo XIII) y con el movimiento de la Observancia de San Bernardino de Siena (XV).

El Papa Pío IX nombró a San José, en 1847, Patrono de la Iglesia universal. Si la fiesta, 19 de marzo, cae en Semana Santa, se anticipa al primer sábado anterior a ella. Esta festividad, que ya existía en numerosos lugares, se fijó en esta fecha durante el siglo XV y luego se extendió a toda la Iglesia como fiesta de precepto en 1621.

La paternidad de San José alcanza no sólo a Jesús sino a la misma Iglesia, que continúa en la tierra la misión salvadora de Cristo. El Papa Juan XXIII incorporó su nombre al Canon Romano, para que todos los cristianos -en el momento en que Cristo se hace presente en el altar- veneremos su memoria.
  

sábado, 7 de marzo de 2015

TERCER DOMINGO DE CUARESMA


En el Evangelio del tercer Domingo de Cuaresma, San Juan relata que Jesús, al encontrar en el templo de Jerusalén a vendedores y cambistas, hizo un azote de cordeles y los arrojó con palabras encendidas: «¡Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la Casa de mi Padre!» (Jn 2, 16).

La actitud «severa» del Señor parecería estar en contraste con la mansedumbre habitual con la que se acerca a los pecadores, cura a los enfermos, acoge a los pequeños y a los débiles. Sin embargo, observando con atención, la mansedumbre y la severidad son expresiones del mismo amor, que sabe ser, según la necesidad, tierno y exigente. El amor auténtico va acompañado siempre por la verdad.

Ciertamente, el celo y el amor de Jesús a la Casa del Padre no se limitan a un templo de piedra. El mundo entero pertenece a Dios, y no se ha de profanar. Con el gesto profético que nos refiere el texto evangélico de hoy, Cristo nos pone en guardia contra la tentación de «comerciar» incluso con la religión, supeditándola a intereses mundanos o, de cualquier modo, ajenos a ella.

La página evangélica también tiene un significado más específico, que remite al misterio de Cristo y anuncia la alegría de la Pascua. Respondiendo a quienes le pedían que confirmara con un «signo» su profecía, Jesús lanza una especie de desafío: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré» (Jn 2, 19). El mismo evangelista advierte que hablaba de su cuerpo, aludiendo a su futura resurrección. Así, la humanidad de Cristo se presenta como el verdadero «templo», la Casa viva de Dios. Será «destruida» en el Gólgota, pero inmediatamente volverá a ser «reconstruida» en la gloria, para transformarse en morada espiritual de cuantos acogen el mensaje evangélico y se dejan plasmar por el Espíritu de Dios.

Que la Virgen nos ayude a acoger las palabras de su Hijo divino. La misión de María consiste, precisamente, en llevarnos a Él, repitiéndonos la invitación que hizo a los sirvientes en Caná: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2, 5). Escuchemos su voz materna. María sabe bien que las exigencias del Evangelio, incluso cuando son pesadas y duras, constituyen el secreto de la verdadera libertad y de nuestra felicidad auténtica.



domingo, 1 de marzo de 2015

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA


Jesús invitó a su Transfiguración a Pedro Santiago y Juan. A ellos les dio este regalo, este don. Ésta tuvo lugar mientras Jesús oraba, porque en la oración es cuando Dios se hace presente. Los apóstoles vieron a Jesús con un resplandor que casi no se puede describir con palabras: su rostro brillaba como el sol y sus vestidos eran resplandecientes como la luz.

Los personajes que hablaban con Jesús son: Moisés y Elías.

Moisés, fue el que recibió la Ley de Dios. Representa a la Ley.

Elías, es el padre de los profetas. Representa los profetas.

Ellos dan testimonio de Jesús, quien es el cumplimiento de todo lo que dicen la ley y los profetas.

De la nube que los envuelve sale la voz del padre que dice "Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle" la invitación a escuchar a su hijo significa seguirlo. Escuchar y poner en practica su palabra es simentar nuestra casa sobre roca y no sobre arena.