jueves, 19 de julio de 2018

ESPOSAS DE JESUCRISTO

Parte 4
Ave María Purísima:

Abadesas de gran coraje y de ejemplar vida religiosa fueron los pilares de este monasterio, que empapadas de la espiritualidad franciscana supieron afrontar las tempestades que les tocó vivir en su tiempo, no temiendo a las bombas de las revoluciones ni los cambios políticos de un gobierno que buscaba la expropiación de nuestros bienes o costumbres modernas que pudieran sacarnos de nuestro recogimiento u otros acontecimientos que a lo largo de la historia golpearon pero no derrumbaron los macizos adobes espirituales de hermanas convencidas que nada ni nadie pueda arrancarnos del amor de Cristo.
De Nuestra Madre Santa Clara se decía que: “se confesaba muchas veces, y recibía a menudo el santo sacramento del cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, mientras temblaba toda ella, cuando lo recibía”(Proc 2,11) y, de manera especial, derramaba muchas lágrimas cuando recibía el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo” (Proc 3,7) Es un punto que en nosotras debemos seguir reflexionando, porque ser clarisa es ser alma eucarística, que se llene de Él para saciar el hambre espiritual de muchos hermanos nuestros.
La hermana clarisa de Lima no sólo debe estar atenta a las necesidades del mundo para hacer oración sino insertada, de manera espiritual, en cada hombre que sufre, en esos otros Cristos que calladamente sufren el abandono y las crueles injusticias de una sociedad que da las espaldas a Dios y creyendo en sus propias fuerzas sin abandonarse a la ternura de un Padre o confiar en la misericordia Divina.
Son cuatro siglos de amor y de fe cuya llama jamás se extinguió. Nuestro Amado Esposo nunca nos abandona y con esa confianza nos entregamos a Él día a día. ¡Gracias Señor porque nos creaste! ¡Gracias Padre Eterno por tus misericordias! ¡Gracias Espíritu Santo por tus dones!. Y gracias a los sucesores de nuestro Padre Santo Toribio que continúan velando por nosotras; a nuestros hermanos franciscanos que a ejemplo de nuestro Seráfico Padre Francisco nos ayudaron y siguen ayudando no permitiendo que sus plantitas mueran; gracias a toda la familia franciscana que confía en nuestras oraciones, a nuestros bienhechores, amigos, familiares y en especial a nuestros padres que con dolor convertido en una inmensa alegría se desprendieron de sus hijas para que se dediquen al servicio completo de Dios.

El Señor nos bendiga.

Hermanas Clarisas de Lima.

miércoles, 18 de julio de 2018

CONSTRUCTORAS Y SOSTENEDORAS DE LOS MIEMBROS VACILANTES DE CRISTO, LA IGLESIA

Parte 3
Ave María Purísima:
Una de las imágenes más veneradas de nuestro Monasterio es la del Señor de Burgos, conocida por el Cristo milagroso que tantas gracias y favores colmó y sigue colmando a sus devotos.
Los sucesivos terremotos que asolaron Lima debilitó casi siempre en gran parte el templo; por ello tuvo que pasar por tres restauraciones y hoy en día necesita una cuarta restauración.
Pero lo que perdura y es cada vez más fuerte es el amor de todas aquellas hermanas nuestras que pasaron dando ejemplo de santidad y entrega al servicio de Dios y de los hermanos.
En ningún momento de nuestra historia la fraternidad de hermanas Clarisas se mostró indiferente ante los peligros eminentes de catástrofes naturales, guerras, y la extrema pobreza que varias veces desoló nuestro país. Como otras “Claras”, desde los torreones del silencio de su monasterio defendieron con fe inquebrantable a su Divino Esposo conservando la armonía y la paz de todos los peruanos; almas eucarísticas que supieron dar todo de sí por Amor, con el Amor y para el Amor.
Se acerca un nuevo despertar, no debemos de dejarlo pasar, pues con el reconstruimos el presente y seguimos amando en el futuro. Son cuatro siglos de presencia clariana en la ciudad de Lima y nunca se apagó la lámpara del sagrario; muchas almas consagradas pidiendo al Señor por la conversión del mundo entero, las necesidades de la Iglesia y la salud del Papa: “constructoras y sostenedoras de los miembros vacilantes de Cristo, la Iglesia”
Alegrías y penas pasaron y pasarán; pero a pesar de todo la paz en el corazón de no verse en ningún momento abandonadas del amor de Cristo. La Divina Providencia es muy generosa y siempre nos asistió con el pan de cada día y hermanas desprendidas que vivan nuestro carisma.
El celo apostólico por evangelizar con la oración más que la acción llevó a varias hermanas nuestras a nuevas fundaciones: Huánuco, Puerto Rico, Chota y jóvenes hermanas que apoyan en los monasterios de Clarisas en España.(continuará...)

martes, 17 de julio de 2018

PERSONAS QUE NOS DEJAN HUELLAS

PARTE 2
Ave María Purísima:

Ingresaron varias hijas de acaudalados y mujeres de prestigiosos renombres. Francisco de Saldaña ofreció una dote a Santa Rosa de Lima y ser así una de las fundadoras; pero ella no aceptó porque pudo ver que su santificación era como terciaria dominica.
Nuestro recinto sacro se estrenó oficialmente el 4 de enero de 1606 y se adoptó la regla del Papa Urbano IV, la cual permite que las monjas Clarisas puedan adquirir rentas y posesiones.
Nuestro Padre Santo Toribio no pudo ver su obra terminada, él como cuenta la historia trabajó muchas veces en la fabricación de los adobes para las paredes del monasterio; pero falleció el 23 de marzo de 1606, dejando como recuerdo para sus queridas hijas su corazón que hasta el día de hoy se conserva en un relicario. Francisco de Saldaña fue el administrador del nuevo monasterio de por vida, falleciendo el 15 de febrero de 1607; sus restos en agradecimiento de su incondicional ayuda se encuentran en el templo del monasterio.
Durante los sucesivos años el monasterio se fue engalanando con el florilegio de almas santas como la ya conocida Sor Ursula de Jesús negra libre que con una vida de copiosa piedad y recogimiento atrajo el amor de Jesús para sí y los demás. Fue la visionaria de las almas del purgatorio que con sus oraciones salvó a muchas de ellas. Tuvo grandes amigos espirituales y confesores que venían al monasterio con recogimiento a pedirle consejos. Se cuenta que el venerable siervo de Dios Fr. Pedro Urraca, le obsequió una cruz de madera muy grande que fue colocada muy cerca al pozo del monasterio con finalidad santificar este claustro femenino. (continuará...)

lunes, 16 de julio de 2018

RESEÑA HISTÓRICA DEL MONASTERIO SANTA CLARA (Nuestra Señora de la Peña de Francia)

PARTE  1 
Ave María Purísima:
Cuando el entonces Arzobispo de Lima,Toribio Alfonso de Mogrovejo tuvo el deseo de fundar un monasterio franciscano, fue porque los ya existentes, a su parecer, estaban dados a la relajación y poca mortificación. Es así que en 1596 inicia la obra de fundar un monasterio de la Orden de Santa Clara cuyas hermanas vivieran la pobreza y austeridad franciscana, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Peña de Francia, imagen muy venerada por los vecinos del lugar y que fue trasladada al nuevo monasterio.

Pero este deseo se vio inspirado por el licenciado portugués Francisco de Saldaña quién donó para el futuro monasterio sus casas, sus esclavos y trece barras de plata para comenzar la obra. La ceremonia de inauguración se realizó el domingo 10 de agosto de 1605 con una solemne procesión y que culminaría en el naciente monasterio de Santa Clara. Las cuatro madres fundadoras: doña Justina de Guevara presidenta, doña Ana de Illescas, doña Bárbara de la Vega e Isabel de la Fuente junto con diez jóvenes sin dote, nietas de los conquistadores, llevaban cubierto el rostro con velo y acompañándolas iban los representantes del Papa y del Rey, el vicario del arzobispo de Lima, ya que este no se encontraba debido a sus giras pastorales, el conde de Monterrey, las milicias reales, los miembros de los cabildos civil y eclesiástico, la nobleza, las comunidades religiosas y otros personajes destacados de la ciudad. No faltarán tampoco algunos curiosos y grupos de cristianos sencillos y fervorosos, que seguían gustosos con cantos y rezos el comienzo de esta fundación.  ( continuará...)

domingo, 13 de mayo de 2018

VII DOMINGO DE PASCUA :"ID AL MUNDO ENTERO Y PROCLAMAD EL EVANGELIO"

En la homilía el Papa Francisco explicó que ser parte de los doce Apóstoles significa “ser testimonio de la resurrección de Jesús”. Se trata de una misión que no es individual. “Se vive de manera comunitaria, con el colegio apostólico y con la comunidad”, subrayó.

Los Apóstoles “son testigos” de la resurrección y gracias a ellos “muchos han creído”.


“También nosotros hoy fundamos nuestra fe en el Señor resucitado en el testimonio de los Apóstoles llegado hasta nosotros mediante la misión de la Iglesia. Nuestra fe está unida de forma segura a su testimonio como una cadena ininterrumpida desplegada en el curso de los siglos no solo por sus sucesores los Apóstoles, sino por generaciones y generaciones de cristianos”.

Por tanto, “todo discípulo está llamado a ser testimonio de su resurrección, sobre todo en los ambientes humanos donde es más fuerte el olvido de Dios y la pérdida del hombre”.

El Santo Padre pidió a los peregrinos que al volver a casa lleven la alegría de este encuentro con el Señor y también cultiven “en el corazón la tarea de morar en el amor de Dios, permaneciendo unidos a Él y entre nosotros, siguiendo las huellas de estas cuatro mujeres, modelos de santidad, que la Iglesia nos invita a imitar”.



domingo, 6 de mayo de 2018

VI DOMINGO DE PASCUA "COMO EL PADRE ME AMÓ,TAMBIÉN YO LOS HE AMADO.PERMANEZCAN EN MI AMOR"


“Son tantos pequeños y grandes gestos que obedecen al mandamiento del Señor: ‘Amaos los unos a los otros como yo os he amado’. Gestos pequeños, de todos los días, gestos de cercanía a un anciano, a un niño, a un enfermo, a una persona sola y en dificultad, sin casa, sin trabajo, inmigrante, refugiado. Gracias a la fuerza de esta palabra de Cristo cada uno de nosotros puede hacerse próximo hacia el hermano y la hermana que encuentra. Gestos de cercanía, de proximidad” donde “se manifiesta el amor que Cristo nos ha enseñado”.

Comentando el Evangelio del día, el Papa indicó que “Jesús ha dado la vida por sus amigos. Amigos que no lo habían entendido, que en el momento crucial lo abandonaron, traicionado y renegado”.

Así, “Jesús nos muestra el camino para seguirlo, el camino del amor. Su mandamiento no es un simple precepto, que tiene algo de abstracto o de exterior respecto a la vida. El mandamiento de Cristo es nuevo porque Él lo ha realizado primero, le ha dado carne, y así la ley del amor fue escrita de una vez para siempre en el corazón del hombre”.

El mandamiento de Cristo, dijo, está escrito “con el fuego del Espíritu Santo. Y con este mismo Espíritu, que Jesús nos dona, podemos caminar también nosotros en este camino”.

Pero se trata de “un camino concreto, un camino que nos lleva a salir de nosotros mismos para ir hacia los demás. Jesús nos ha mostrado que el amor de Dios se realiza en el amor al prójimo. Los dos van juntos. Las páginas del Evangelio están llenas de este amor: adultos y niños, cultos e ignorantes, ricos y pobres, justos y pecadores tienen acogida en el corazón de Cristo”.

Francisco indicó que “esta palabra del Señor nos llama a amarnos los unos a los otros, también si no nos entendemos, no siempre estamos de acuerdos… pero es precisamente ahí donde se ve el amor cristiano”. Este, señaló, es “un amor que se manifiesta también si hay diferencias de opinión o de carácter, pero el amor es más grande que estas diferencias”.

Se trata de “un amor redentor, liberado del egoísmo. Un amor que dona a nuestro corazón la alegría, como dice Jesús mismo: ‘Os he dicho estas cosas para que mi alegría sea en vosotros y vuestra alegría sea plena’”.


domingo, 29 de abril de 2018

V DOMINGO DE PASCUA :YO SOY LA VID, USTEDES LOS SARMIENTOS


«El evangelio de hoy nos presenta a Jesús durante la Última Cena en cuando sabe que la muerte está ya cerca. Ha llegado su hora. Por la última vez Él está con sus discípulos, y entonces quiere imprimir bien en su mente una verdad fundamental: también cuando Él no estará más físicamente en medio de ellos, los apóstoles podrán quedarse aún unidos a Él de un modo nuevo, y así traer mucho fruto. Y todos podemos estar unidos a Jesús en un modo nuevo. ¿Y cómo es este modo nuevo?
Por el contrario si uno perdiera la comunión con Él, se volvería estéril, o peor, dañino para la comunidad. ¿Cuál es el modo nuevo?
Y para expresar esta realidad, Jesús usa la imagen de la vid y de los sarmientos. Y dice así: “Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos”.
Y con esta figura nos enseña cómo quedarnos en Él, aunque no esté físicamente presente. Jesús es la vid y a través de Él --como la linfa en el árbol-- hace llegar a los sarmientos el amor mismo de Dios, el Espíritu Santo. Es así: nosotros somos los sarmientos, y a través de esta parábola, Jesús nos quiere hacer entender la importancia de estar unidos con Él.
Los sarmientos no son autosuficientes, sino que dependen totalmente de la vid, en la cual se encuentra el manantial de la vida de ellos. Así es para nosotros los cristianos. Insertados con el bautismo en Cristo, hemos recibido de Él gratuitamente el don de la vida nueva y podemos quedarnos en comunión vital con Cristo.
Es necesario mantenerse fieles al bautismo y crecer en la intimidad con el Señor mediante la oración, la escucha y la docilidad a su palabra, la participación a los sacramentos, especialmente la eucaristía y la reconciliación.
Si uno está íntimamente unido a Jesús, se beneficia de los dones del Espíritu Santo que --como dice San Pablo-- son 'amor, alegría, paz, magnanimidad, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí'. (Gal 5,22). Y estos son los dones que nos vienen si permanecemos unidos a Jesús. Y como consecuencia una persona que así unida hace tanto bien al prójimo y a la sociedad, es una persona cristiana. De estas actitudes, de hecho se reconoce que uno es cristiano, como de los frutos se reconoce el árbol.
Los frutos de esta unión con Jesús son maravillosos: toda nuestra persona es transformada por la gracia del Espíritu: alma, inteligencia, voluntad, afectos, y también el cuerpo, porque nosotros somos una unidad de espíritu y cuerpo.
Recibimos un nuevo modo de ser, la vida de Cristo se vuelve también la nuestra: podemos pensar como Él, actuar como Él, ver el mundo y las cosas con los ojos de Jesús. Como consecuencia, podemos amar a nuestros hermanos, a partir de los más pobres y sufridores, como él lo ha hecho, y amarlos con su corazón y llevar así al mundo frutos de bondad, de caridad y de paz.
Cada uno de nosotros es un sarmiento de la única vid, y todos juntos estamos llamados a llevar los frutos de este pertenencia común a Cristo y a su Iglesia.
Confiémonos a la intercesión de la Virgen María, para que podamos ser sarmientos vivos en la Iglesia y dar testimonio de manera coherente de nuestra fe, coherencia de vida y de pensamiento, de vida y de fe; conscientes de que todos, de acuerdo a nuestra vocación particular, participamos a la única misión salvadora de Jesucristo, el Señor». 
 


domingo, 22 de abril de 2018

IV DOMINGO DE PASCUA :"YO SOY EL BUEN PASTOR"


El tiempo de Pascua nos llena de gozo, y la fuente de este gozo es el amor indómito de Dios que nos llega por Jesucristo. Ningún rechazo, ninguna injusticia, ninguna crucifixión, ningún sepulcro, puede frustrar el poder del amor de Dios.
No hay imagen que nos hable mas profundamente, mas hermosamente y mas íntimamente sobre el amor de Dios que la imagen del pastor que da su vida por sus ovejas.

Mas que un pastor que ‘guía,atiende, refresca, rescata, alimenta, reúne,y unge’ sus ovejas, el pastor del evangelio de Juan es uno que ‘ENTREGA SU VIDA VOLUNTARIAMENTE POR SUS OVEJAS Y LA RECUPERA POR ELLAS’. El tiempo de Pascua nos llama ves tras ves a fascinarnos con este misterio de la pasión y resurrección de Cristo, y de centrar nuestras vidas en su amor salvador. No es para una multitud, por grandes números, que Cristo da su vida, sino es por cada persona – sin excepción – a quien el conoce y llama por nombre. Es para la oveja perdida – es para ti y para mi. Pablo entendió esto y esto cambio su vida: “He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí”(Gálatas 2,20). (Tened en cuenta como Pablo enfatiza como entiende el amor de Dios tan personalmente.) Cada persona puede profesar estas palabras de Pablo; verdaderamente, este es en corazón de la experiencia cristiana del amor de Dios en Cristo. Dos mil años después, somos los que estamos históricamente mas halla del rebaño original, pero somos lo que hemos también oído su voz y pertenecemos a su rebaño. Este evangelio también nos recuerda que somos llamados por nombre, somos llamados a responder a la voz del pastor sobre todas las voces.

sábado, 14 de abril de 2018

III DOMINGO DE PASCUA


«El camino de Emaús se transforma así en símbolo de nuestro camino de fe: las Escrituras y la Eucaristía son los elementos indispensables para el encuentro con el Señor. También nosotros llegamos a menudo a la Misa dominical con nuestras preocupaciones, nuestras dificultades y desilusiones. La vida a veces nos hiere y nos vamos tristes hacia nuestra “Emaús”, dando la espalda al designio de Dios. Nos alejamos de Dios. Pero nos acoge la Liturgia de la Palabra: Jesús nos explica las Escrituras y reenciende en nuestros corazones el fuego de la fe y de la esperanza y en la comunión nos da fuerza.

Palabra de Dios y Eucaristía: leer cada día una parte del Evangelio, recuérdenlo bien, leer cada día una parte del Evangelio y los domingos ir a hacer la comunión, a recibir a Jesús. Así sucedió con los discípulos de Emaús, han recibido la Palabra, han compartido la fracción del pan, y de tristes y derrotados que se sentían, se sintieron alegres. Siempre, queridos hermanos y hermanas, la Palabra de Dios y la Eucaristía nos llenan de alegría. ¡Recuérdenlo bien! ¡Cuando tú estás triste o algo así, toma la Palabra de Dios! ¡Cuando tú estás desanimado, toma la Palabra de Dios y ve a la Misa del domingo a hacer la Comunión, a participar del misterio de Jesús! Palabra de Dios, Eucaristía: nos llenan de alegría.»
S.S. Francisco

lunes, 19 de marzo de 2018

¡FIESTA DE SAN JOSÉ, PATRONO DE LA IGLESIA UNIVERSAL!


ESPOSO DE MARÍA y PADRE VIRGINAL DE JESÚS.

FIESTA: 19 de marzo

San José es llamado el “Santo del silencio” porque no se conocen palabras expresadas por él; solo se sabe de sus actos de amor y de protección hacia la familia.

San José es cabeza de la Sagrada Familia. El hombre en quien Dios confió sus más valiosos tesoros. Esposo de María Santísima, padre virginal de Jesús. No hay en el cielo santo más grande después de su esposa, María.

En la historia de la espiritualidad franciscana, la figura de San José ha sido siempre sacada a la luz, por el importante rol de padre terrenal de Jesús. Esto ha hallado un espacio especial bajo el generalato de San Bonaventura de Bagnoregio  (siglo XIII) y con el movimiento de la Observancia de San Bernardino de Siena (XV).

El Papa Pío IX nombró a San José, en 1847, Patrono de la Iglesia universal. Si la fiesta, 19 de marzo, cae en Semana Santa, se anticipa al primer sábado anterior a ella. Esta festividad, que ya existía en numerosos lugares, se fijó en esta fecha durante el siglo XV y luego se extendió a toda la Iglesia como fiesta de precepto en 1621.

La paternidad de San José alcanza no sólo a Jesús sino a la misma Iglesia, que continúa en la tierra la misión salvadora de Cristo. El Papa Juan XXIII incorporó su nombre al Canon Romano, para que todos los cristianos -en el momento en que Cristo se hace presente en el altar- veneremos su memoria.
  

domingo, 18 de marzo de 2018

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA

Esta vez, los que desean encontrarse con el Señor son de origen griego. Son paganos que quieren convertirse. Curiosamente, al pasar por el templo, en vez de entrar, estos van hacia Jesús, pero él no se dirige a ellos sino a sus discípulos, y les dice: “ha llegado la hora de ser glorificado”. Ahora, la responsabilidad de recibir a estos convertidos no es de Jesús, sino de la propia comunidad, que debe abrir horizontes para llevar la experiencia de vida con Jesús a todos, sin distinción. La “Hora” es el tiempo de la glorificación de Jesús y del Padre al mismo tiempo. Esa gloria manifiesta el amor de Dios, que se concreta en la entrega de la vida de su Hijo,
Jesús: “el grano de trigo que cae en la tierra y muere para producir fruto”. La muerte es la condición para que el grano libere la capacidad de vida que tiene; si no muere, no producirá fruto. Sin duda, cada vez que mencionamos el tema de la muerte, nos atemorizamos. Quizá porque la propia vida se frustra ante ella, y nos falta ese paso cualitativo hacia el verdadero amor, sobre todo cuando ese amor nos invita siempre a ser más humildes y misericordiosos. Jesús no tiene miedo de morir, aunque sienta fuertemente la carga psicológica que eso implica, y nos señala: “el que ama su vida, la pierde; y quien desprecia su vida..., la conserva para la Vida eterna”. Al morir, Jesús no desaparece entre nosotros, sino que se transforma en el centro de una gran comunidad. La vida terrena, para él, no es el sumo bien que debe ser salvado a cualquier precio para permanecer apegados a ella. Al contrario, lo que vale para Jesús también ha de ser valorado por todo creyente, pues todo aquel que permanece fiel a él, por medio del amor, aprecia la vida en su justa medida, sin sobrevalorarla, y la muerte, sin menospreciarla.
P. Fredy Peña T., ssp

domingo, 11 de marzo de 2018

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

Nicodemo se muestra como una figura del mundo creyente que no sabe cómo ser fiel al proyecto de Dios.
De manera semejante, actualmente, hay quienes creen en Jesús y tampoco saben de qué forma nacer a una vida nueva. Jesús va más allá, y es capaz de demostrar que puede vencer los límites propios de la condición humana, como la muerte. Sus contemporáneos se preguntan acerca del final de la vida y quieren asegurársela sin pasar por la muerte.
Dios no quiere que las personas se pierdan. El querer de Dios estriba en que todos se salven y venzan el mal con el poder del amor. Él desea crear canales que comuniquen vida en plenitud. La mentalidad judía de aquel tiempo decía que el Juicio se haría al final de los tiempos, cuando los vivos y los muertos debieran presentarse ante el tribunal de Dios. No obstante, para muchos, el juicio de Dios se fragua “ya”, aquí y ahora, en la identificación de las personas y de la sociedad como un todo. Pero Jesús no juzga ni condena, simplemente suscita “ese” juicio. Las personas son quienes se juzgan a sí mismas al confrontarse con el testimonio de Jesús, y optan por una vida con o sin él.
Cuando optamos por el mal y no seguimos los criterios de Dios, para buscar los intereses propios, entonces terminamos por encontrarnos con nuestro egoísmo y nos cerramos a la revelación luminosa del amor de Dios. En cambio, quien procura siempre vincularse con Jesús, está abierto a la luz de su amor. Por eso Dios considera necesario librarnos de todo mal al creer en su Hijo, Jesús, pues hemos nacido para disfrutar la vida con él, que nos conduce a la paz y la felicidad.
P. Fredy Peña T., ssp


sábado, 3 de marzo de 2018

TERCER DOMINGO DE CUARESMA


En el Evangelio del tercer Domingo de Cuaresma, San Juan relata que Jesús, al encontrar en el templo de Jerusalén a vendedores y cambistas, hizo un azote de cordeles y los arrojó con palabras encendidas: «¡Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la Casa de mi Padre!» (Jn 2, 16).

La actitud «severa» del Señor parecería estar en contraste con la mansedumbre habitual con la que se acerca a los pecadores, cura a los enfermos, acoge a los pequeños y a los débiles. Sin embargo, observando con atención, la mansedumbre y la severidad son expresiones del mismo amor, que sabe ser, según la necesidad, tierno y exigente. El amor auténtico va acompañado siempre por la verdad.

Ciertamente, el celo y el amor de Jesús a la Casa del Padre no se limitan a un templo de piedra. El mundo entero pertenece a Dios, y no se ha de profanar. Con el gesto profético que nos refiere el texto evangélico de hoy, Cristo nos pone en guardia contra la tentación de «comerciar» incluso con la religión, supeditándola a intereses mundanos o, de cualquier modo, ajenos a ella.

La página evangélica también tiene un significado más específico, que remite al misterio de Cristo y anuncia la alegría de la Pascua. Respondiendo a quienes le pedían que confirmara con un «signo» su profecía, Jesús lanza una especie de desafío: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré» (Jn 2, 19). El mismo evangelista advierte que hablaba de su cuerpo, aludiendo a su futura resurrección. Así, la humanidad de Cristo se presenta como el verdadero «templo», la Casa viva de Dios. Será «destruida» en el Gólgota, pero inmediatamente volverá a ser «reconstruida» en la gloria, para transformarse en morada espiritual de cuantos acogen el mensaje evangélico y se dejan plasmar por el Espíritu de Dios.

Que la Virgen nos ayude a acoger las palabras de su Hijo divino. La misión de María consiste, precisamente, en llevarnos a Él, repitiéndonos la invitación que hizo a los sirvientes en Caná: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2, 5). Escuchemos su voz materna. María sabe bien que las exigencias del Evangelio, incluso cuando son pesadas y duras, constituyen el secreto de la verdadera libertad y de nuestra felicidad auténtica.




sábado, 24 de febrero de 2018

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA


Jesús invitó a su Transfiguración a Pedro Santiago y Juan. A ellos les dio este regalo, este don. Ésta tuvo lugar mientras Jesús oraba, porque en la oración es cuando Dios se hace presente. Los apóstoles vieron a Jesús con un resplandor que casi no se puede describir con palabras: su rostro brillaba como el sol y sus vestidos eran resplandecientes como la luz.

Los personajes que hablaban con Jesús son: Moisés y Elías.

Moisés, fue el que recibió la Ley de Dios. Representa a la Ley.

Elías, es el padre de los profetas. Representa los profetas.

Ellos dan testimonio de Jesús, quien es el cumplimiento de todo lo que dicen la ley y los profetas.

De la nube que los envuelve sale la voz del padre que dice "Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle" la invitación a escuchar a su hijo significa seguirlo. Escuchar y poner en practica su palabra es simentar nuestra casa sobre roca y no sobre arena.



sábado, 17 de febrero de 2018

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA


Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,12-15):
En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN
Lo primero que nos muestra Cristo es que la tentación no tiene nada de malo en sí misma. Hay una diferencia grandísima entre sentir la tentación y aceptar la tentación. Podemos sentir todas las tentaciones del mundo, pero si no las aceptamos no hay problema. Además, si las rechazamos por amor a Dios, la tentación se convierte en un momento valiosísimo. Podemos demostrarle que le preferimos a Él antes que a nosotros mismos.
Jesús vence las tentaciones del demonio porque prefería vivir la voluntad del Padre antes que la suya, porque buscaba la gloria del Padre sobre la suya, porque ponía los planes de Dios antes que los suyos.


miércoles, 14 de febrero de 2018

MIÉRCOLES DE CENIZA

 "Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará" (Mt 6, 4. 6. 18). Estas palabras de Jesús se dirigen a cada uno de nosotros al inicio del itinerario cuaresmal. Lo comenzamos con la imposición de la ceniza, austero gesto penitencial, muy arraigado en la tradición cristiana. Este gesto subraya la conciencia del hombre pecador ante la majestad y la santidad de Dios. Al mismo tiempo, manifiesta su disposición a acoger y traducir en decisiones concretas la adhesión al Evangelio.
   Son muy elocuentes las fórmulas que lo acompañan. La primera, tomada del libro del Génesis:  "Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás" (cf. Gn 3, 19), evoca la actual condición humana marcada por la caducidad y el límite. La segunda recoge las palabras evangélicas:  "Convertíos y creed el Evangelio" (Mc 1, 15), que constituyen una apremiante exhortación a cambiar de vida. Ambas fórmulas nos invitan a entrar en la Cuaresma con una actitud de escucha y de sincera conversión.
El Señor "ve en lo secreto", es decir, escruta el corazón. Los gestos externos de penitencia tienen valor si son expresión de una actitud interior, si manifiestan la firme voluntad de apartarse del mal y recorrer la senda del bien. 


domingo, 11 de febrero de 2018

VI SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO. "MAESTRO,SI QUIERES,PUEDES LIMPIARME"


Nadie hubiera pensado que curarse de la lepra fuera tan fácil. Lo único que precisó este enfermo, fue acercarse humildemente a Cristo y pedírselo. Él sabía que Cristo bien podía hacerlo. Además, cree con todo su corazón en la bondad del Maestro. Quizá por esto, es que se presenta tan tímido y sencillo a la vez: "Maestro, si quieres, puedes limpiarme". La actitud denota no sólo humildad y respeto, revela además, confianza...
La vida de muchas personas, y a veces la nuestra, se ve llena de enfermedades y males, sucesos indeseados y problemas de todos los tipos, que nos podrían orillar a perder la confianza en el Maestro, Buen Pastor. Quizá alguna vez, hemos pensado que Él nos ha dejado, que ya no está con nosotros; pues sentimos que nuestra pequeña barca ha comenzado a naufragar en el mar de la vida... Pero de esta forma, olvidamos que el primero en probar el sufrimiento y la soledad fue Él mismo, mientras padecía su muerte en la cruz. Y así, nos quiso enseñar que Dios siempre sabe sacar bienes de males, pues por esa muerte ignominiosa, nos vino la Redención.
La lección de confiar en Cristo y en su infinita bondad, no es esperar que nos quitará todos los sufrimientos de nuestras vidas. Sino que nos ayudará a saber llevarlos, para la purificación de nuestra alma, en beneficio de toda la Iglesia.
 P Juan Pablo Menéndez

sábado, 3 de febrero de 2018

V SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO. JESÚS “ TODO EL MUNDO TE BUSCA”

El Señor vino para sanarnos.
Es curioso, pero la acogida que Jesús recibía en las casas era mejor que en la propia sinagoga. Jesús se hallaba en tensión entre las demandas de quienes lo consideraban un “milagrero” y las de quienes lo buscaban con sincero desinterés.La necesidad de aliviar la fiebre de la suegra de Pedro era un signo más de qué era lo que se esperaba de él. En aquella época, la fiebre era considerada como algo demoníaco que dejaba inactivas a las personas. Por eso, las sanaciones no pasaban inadvertidas. El Señor procuró que su condición de Hijo de Dios se manifestara por su capacidad de obrar milagros, pero sobre todo en el sacrificio de la Cruz.
En medio de su popularidad, Jesús mostraba su preocupación por el bien del otro y no se desesperaba, agobiaba o desequilibraba ante tales demandas. Él, con paciencia, amor y misericordia, acogía a la gente con sus penas e impotencias, para sanarla de toda dolencia. no todos veían esto de buena forma, por lo que cuestionaban su actuar: “¿Jesús cura en sábado?”. Se suponía que la Ley servía para la liberación, pero se convirtió en la anulación de la libertad.

Jesús sanó fuera de la sinagoga, lo cual contrariaba la Ley, que instituía como garante a la Palabra de Dios para que diera vida al ser enseñada. Cuando Jesús tocó a una mujer enferma, superó el prejuicio de género e impureza ritual. Es decir, el Señor enseñaba exhibiendo una imagen correcta de Dios, que no castiga ni envía enfermedades.
una vez que Jesús realizaba un milagro o signo, se retiraba para estar a solas con el Padre. no deseaba que lo aclamaran; al contrario, vencía la tentación de la popularidad con la fuerza de la oración, porque entendía que todo lo que hacía era para mostrar de manera ejemplar el poder del amor de Dios, y no otra cosa.
P. Fredy Peña Tobar, ssP

sábado, 27 de enero de 2018

IV SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO. «JESÚS LO INCREPÓ: «CÁLLATE Y SAL DE ÉL.»

Una vez más, el evangelio muestra que Jesús enseña por medio de gestos y palabras. Su acción sanadora es un signo de su poder divino, y en él se abre camino la soberanía de Dios. La sanación de un hombre poseído por un espíritu inmundo confirma ese poder.
Los rabinos consideraban que la sinagoga era el lugar privilegiado para reflexionar sobre la Palabra de Dios.
Afirmaban que un buen maestro tenía autoridad si se destacaba por sus enseñanzas, las que debía fundamentar con citas de autores antiguos, ya que la “tradición” era garantía de veracidad.
Jesús, en cambio, no se apoyaba en lo que decían o hacían otros. Tampoco poseía un título que avalara lo que enseñaba, sino que dijo: “Han oído que se dijo, pero yo les digo”. Su doctrina era nueva porque, al mismo tiempo que enseñaba, liberaba. Esta era la diferencia con la enseñanza de los doctores de la Ley. Jesús, cuando sanó al endemoniado, lo interpeló, lo puso en el centro de la atención y lo dignificó como persona.Los “demonios” eran identificados como potencias espirituales o fuerzas maléficas que poseían a las personas y les provocaban enfermedades: mudez, crisis epilépticas, locura o cuadros de pánico. Por eso, en los evangelios los posesos no son descritos como hombres moralmente malos, sino más bien como víctimas indefensas, sin voluntad propia.
En la sociedad, encontramos que hay personas atribuladas que no pueden ser felices porque alguien o algo se los impide. Sabemos que los espíritus inmundos actuales son, entre otros, la violencia bélica, el terrorismo, la inmoralidad sexual, las injusticias sociales... Somos conscientes de estas circunstancias, pero, en la mayoría de las ocasiones, nos ponemos bajo el alero de ese espíritu inmundo porque no queremos sanar, y le cerramos la puerta a Dios.
P. Fredy Peña Tobar, ssP

sábado, 20 de enero de 2018

III SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO. «SE HA CUMPLIDO EL TIEMPO Y EL REINO DE DIOS ESTÁ CERCA; CONVERTÍOS Y CREED EN LA BUENA NUEVA»

La conversión, una tarea permanente


El tiempo de Jesús se ha cumplido y la cercanía de su reino se manifiesta en sus acciones, como también en el compromiso de transformar la sociedad. El término griego kairós es utilizado para referirse sobre el “tiempo” pleno de sentido. A pesar de ello, no remite a algo cronológico, sino a un momento caracterizado más por su cualidad que por su cantidad. Es un tiempo significativo, de esos que cambian la vida y la trascienden. En ese lapso, Jesús anuncia que él es el Señor de la historia; es decir, lo que antes era una promesa, ahora es una realidad con su persona.Pero este Dios, que se ha hecho cercano, invita y pide una respuesta concreta al hombre: “¡Conviértete!”.
Esa conversión solo se logra creyendo en el mensaje de Jesús. Por eso, el problema del “cambio” surge cuando no se cree y no se toma a Dios en serio, y su mensaje de conversión queda como en un instante eterno. Entonces, ¿por qué afirmar que el Reino está cerca? Porque ese reino se gesta en el interior de cada persona. Por eso, la conversión no se trata solo de una cuestión moral, sino de algo más radical y gozoso: la transformación de la mente, el corazón y las acciones de cada día. El problema de la conversión estriba en que a veces hacemos todo lo contrario a lo que Dios nos pide. Es decir, sabemos que Dios es fiel, pero no nos aferramos a su providencia; creemos que Dios perdona, pero no perdonamos a los que nos ofenden; confesamos que Dios es generoso, y la mayoría de las veces consideramos erróneamente que somos el ombligo del mundo y en que “todo me pasa a mí”
La cruz de Cristo es un signo más elocuente que la predicación de Jonás. Jesús llama y extiende sus brazos de tal modo que nadie quede fuera de su amor reconciliador.
P. Fredy Peña Tobar, ssP