martes, 22 de abril de 2014

PAPA JUAN XXIII - RENOVADOR DE LA IGLESIA

Angelo Giuseppe Roncalli, Juan XXIII llevaba en sí, como todo hombre grande, una sorprendente carga de paradojas. Vivía la existencia a raudales y amaba a hombres y cosas con una intensidad desbordada, siendo meditador asiduo de su propia muerte, reconociéndola su hermana como franciscano, de ella  habló infinitas veces, viéndola venir con una paz y con un cariño  franciscano. Tuvo por lema la obediencia y la paz, amó la suavidad, las virtudes pasivas, las obras de misericordia; desde la estampa de su primera misa hasta su encíclica cumbre su vida entera ha sido un himno a la libertad y una defensa de los derechos de la persona humana contra toda clase de abusos autoritarios.
Fue Terciario franciscano y clérigo encaminado al sacerdocio: prendido, pues, por los mismos hilos de la sencillez, que nos había de acompañar hasta el altar bendito, y que luego nos debía dar todo en la vida.
Era verdad que Juan XXIII fue un Papa esencialmente renovador, que la apertura y la comprensión son el sello de su paso por la tierra.
" Se puede ser religioso sin haber pronunciado nunca el nombre de Dios, solo buscando hacer el bien a la humanidad" . 

Mons. Asenjo recordó en su carta “la figura venerable de Juan XXIII que rigió la Iglesia entre 1958 y 1963. Convocó el Concilio Vaticano II, trabajó con tesón por la renovación de la Iglesia y por la unidad de los cristianos. De honda piedad, se distinguió por su sencillez, mansedumbre cordial y misericordia”.

LA PELÍCULA DE LA SEMANA ES ACERCA DE SU VIDA Y LA HUELLA QUE DEJÓ EN LA IGLESIA, ESPERAMOS LA DISFRUTEN.

Los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II, que será canonizados este domingo 27 de abril del 2014.
 
 
 

domingo, 20 de abril de 2014

Mensaje Urbi et Orbi del Papa Francisco en Pascua de Resurrección 2014.


¡Queridos hermanos y hermanas, Feliz Pascua!

El anuncio del ángel a las mujeres resuena en la Iglesia esparcida por todo el mundo: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado... Vengan a ver el lugar donde estaba » (Mt 28,5-6). ¡No tengan miedo! ¡El Señor ha resucitado!

Ésta es la culminación del Evangelio, es la Buena Noticia por excelencia: Jesús, el crucificado, ha resucitado. Este acontecimiento es la base de nuestra fe y de nuestra esperanza: si Cristo no hubiera resucitado, el cristianismo perdería su valor; toda la misión de la Iglesia se quedaría sin brío, pues desde aquí ha comenzado y desde aquí reemprende siempre de nuevo.

El mensaje que los cristianos llevan al mundo es este: Jesús, el Amor encarnado, murió en la cruz por nuestros pecados, pero Dios Padre lo resucitó y lo ha constituido Señor de la vida y de la muerte. En Jesús, el Amor ha vencido al odio, la misericordia al pecado, el bien al mal, la verdad a la mentira, la vida a la muerte.

Por esto decimos a todos: «Vengan a ver». En toda situación humana, marcada por la fragilidad, el pecado y la muerte, la Buena Nueva no es sólo una palabra, sino un testimonio de amor gratuito y fiel: es un salir de sí mismo para ir al encuentro del otro, estar al lado de los heridos por la vida, compartir con quien carece de lo necesario, permanecer junto al enfermo, al anciano, al excluido.

«Vengan a ver»: El amor es más fuerte, el amor da vida, el amor hace florecer la esperanza en el desierto.

Con esta gozosa certeza, nos dirigimos hoy a ti, Señor resucitado.

Ayúdanos a buscarte para que todos podamos encontrarte, saber que tenemos un Padre y no nos sentimos huérfanos; que podemos amarte y adorarte.

Ayúdanos a derrotar el flagelo del hambre, agravada por los conflictos y los inmensos derroches de los que a menudo somos cómplices.

Haznos disponibles para proteger a los indefensos, especialmente a los niños, a las mujeres y a los ancianos, a veces sometidos a la explotación y al abandono.

Haz que podamos curar a los hermanos afectados por la epidemia de Ébola en Guinea Conakry, Sierra Leona y Liberia, y a aquellos que padecen tantas otras enfermedades, que también se difunden a causa de la incuria y de la extrema pobreza.

Consuela a todos los que hoy no pueden celebrar la Pascua con sus seres queridos, por haber sido injustamente arrancados de su afecto, como tantas personas, sacerdotes y laicos, secuestradas en diferentes partes del mundo.

Conforta a quienes han dejado su propia tierra para emigrar a lugares donde poder esperar en un futuro mejor, vivir su vida con dignidad y, muchas veces, profesar libremente su fe.

Te rogamos, Jesús glorioso, que cesen todas las guerras, toda hostilidad pequeña o grande, antigua o reciente.

Te suplicamos por la amada Siria: que cuantos sufren las consecuencias del conflicto puedan recibir la ayuda humanitaria necesaria; que las partes en causa dejen de usar la fuerza para sembrar muerte, sobre todo entre la población inerme, y tengan la audacia de negociar la paz, tan anhelada desde hace tanto tiempo.

Jesús glorioso te rogamos que consueles a las víctimas de la violencia fratricida en Irak y sostengas las esperanzas que suscitan la reanudación de las negociaciones entre israelíes y palestinos.

Te invocamos para que se ponga fin a los enfrentamientos en la República Centroafricana, se detengan los atroces ataques terroristas en algunas partes de Nigeria y la violencia en Sudán del Sur.

Y te pedimos por Venezuela, para que los ánimos se encaminen hacia la reconciliación y la concordia fraterna.

Que por tu resurrección, que este año celebramos junto con las iglesias que siguen el calendario juliano, te pedimos que ilumines e inspires iniciativas de paz en Ucrania, para que todas las partes implicadas, apoyadas por la Comunidad internacional, lleven a cabo todo esfuerzo para impedir la violencia y construir, con un espíritu de unidad y diálogo, el futuro del País, que ellos, como hermanos, puedan gritar: «Christus surrexit, venite et videte!»

¡Te rogamos, Señor, por todos los pueblos de la Tierra: Tú, que has vencido a la muerte, concédenos tu vida, danos tu paz!.

«Christus surrexit, venite et videte!».
 

domingo, 13 de abril de 2014

DOMINGO DE RAMOS


Homilía del Papa Francisco, Misa del Domingo de Ramos, 13 de abril de 2014.
¿Mi vida está dormida? ¿O soy como los discípulos, que no entendían lo que era traicionar a Jesús? ¿O como aquel otro discípulo que quería resolver todo con la espada: soy yo como ellos? ¿Yo soy como Judas, que finge amar y besa Maestro para entregarlo, para traicionarlo? ¿Soy yo, un traidor? ¿Soy como aquellos líderes religiosos que tienen prisa en organizar un tribunal y buscan falsos testigos? ¿Soy yo como ellos?
Y cuando hago estas cosas, si las hago, ¿creo que con esto salvo al pueblo? ¿Soy yo como Pilato que cuando veo que la situación es difícil, me lavo las manos y no sé asumir mi responsabilidad y dejo condenar – o condeno yo – a las personas? ¿Soy yo como aquella muchedumbre que no sabía bien si estaba en una reunión religiosa, en un juicio o en un circo, y elije a Barrabás?
Para ellos es lo mismo: era más divertido, para humillar a Jesús. ¿Soy yo como los soldados que golpean al Señor, le escupen, lo insultan, se divierten con la humillación del Señor? ¿Soy yo como el Cireneo que regresaba del trabajo, fatigado, pero que tuvo la buena volunta de ayudar al Señor a llevar la cruz? ¿Soy yo como aquellos que pasaban delante de la Cruz y se burlaban de Jesús?: “¡Pero… tan valeroso! ¡Que descienda de la cruz, y nosotros creeremos en Él!”.
La burla a Jesús… ¿Soy yo como aquellas mujeres valientes, y como la mamá de Jesús, que estaba allí, y sufrían en silencio? ¿Soy yo como José, el discípulo escondido, que lleva el cuerpo de Jesús con amor, para darle sepultura? ¿Soy yo como estas dos Marías, que permanecen en la puerta del Sepulcro, llorando, rezando? ¿Soy yo como estos dirigentes que al día siguiente fueron a los de Pilato para decir: “Pero, mira que éste decía que habría resucitado; pero que no venga otro engaño”, y frenan la vida, bloquean el sepulcro para defender la doctrina, para que la vida no salga afuera? ¿Dónde está mi corazón? ¿A cuál de éstas personas yo me parezco?
Que esta pregunta nos acompañe durante toda la semana.

sábado, 5 de abril de 2014

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA


Jesús antes de realizar el milagro de la resurrección de Lázaro en Betania hace una solemne proclamación de Sí, que ha dado a generaciones y generaciones de cristianos, a través de los siglos, una esperanza de firmísima certeza. Dice el Señor a Marta, hermana de Lázaro: "Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en Mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en Mí, no morirá para siempre" (Jn 11, 25-26). En cuanto Hijo de Dios, Jesús no es solamente Mediador para sus fieles, sino también autor o causa eficiente de esa vida superior que vence a la muerte y no es dada sólo en el último día, sino todos los días. El Señor pide a Marta y, por lo tanto, a todos nosotros esta fe. Respondamos también nosotros, juntamente con Marta, con una profesión de fe en Jesús, Mesías: "Sí, Señor: yo creo que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo" (Jn 11, 27).

Reconozcamos también nosotros a Cristo como a nuestro Señor, como a Aquel que está ante nosotros, lo mismo que estaba ante la tumba de Lázaro en Betania. También nosotros tenemos necesidad de resurrección. ¿Acaso no es toda nuestra vida un resurgir del mal, de la enfermedad, de la muerte? Pero no temamos, hay un Salvador, está Jesucristo entre nosotros. El está ante nosotros y nos grita como a Lázaro: "Ven afuera" (Jn 11, 43). Sal fuera de tu enfermedad física y moral, de tu indiferencia, de tu pereza, de tu egoísmo y del desorden en que vives. Sal fuera de tu desesperación y de tu inquietud, porque ha llegado el tiempo anunciado por los Profetas, el tiempo de la salvación, en el que "yo os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío... os infundiré mi espíritu y viviréis" (cf. Ex 37, 12-14).

 

sábado, 29 de marzo de 2014

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA


El Evangelio de este domingo nos muestra el episodio de la curación del ciego de nacimiento. Es una narración extensa, llena de matices, que ilustran de forma elocuente algunos aspectos fundamentales del camino cuaresmal.

Un primer elemento a considerar es que Jesús toma la iniciativa. No espera a que aquel hombre le solicite la curación. Le basta contemplar su situación de sufrimiento para salir a su encuentro. El drama de aquel hombre es que no puede ver. Pero el culmen del relato nos mostrará que la luz que Cristo lleva a sus ojos no es sólo la que estimula de nuevo sus secas pupilas, sino la que le hace descubrir un nuevo horizonte, para él insospechado, con los ojos de la fe: Creo, Señor.

El modo de la curación y el proceso en el que introduce al ciego de nacimiento es hermoso e interpelante a la vez. Cuando se aproxima a él, realiza un gesto poco habitual en otros relatos de curaciones. Hace barro con su saliva y se lo unta en los ojos. ¿Qué significado puede tener este primer gesto de Jesús? El que la mano de Jesús tome barro en sus manos evoca el momento de la creación: las manos de Dios toman tierra del paraíso y moldean al hombre y a la mujer. Estamos ante un hecho que va a significar una nueva creación. ¿Para quién? Para aquel ciego que al abrir los ojos tomará conciencia de que Jesús todo lo hace nuevo.

Pero ¿cómo se consuma esa novedad? Aquí aparece un segundo detalle que es bueno no olvidar. Jesús le pide que lave sus ojos en la piscina de Siloé. Y él lo hace. El lavado de aquellos ojos preanuncia, una vez más, la importancia del Bautismo para el creyente y lo que esto significa. El Bautismo nos introduce en un orden nuevo, en una vida nueva. Desde el principio se ha entendido así en la vida de la Iglesia. Por eso se explica, con especial unción, a los que van ser bautizados en la noche santa de la resurrección del Señor.

A la vez se convierte, en este camino cuaresmal, en un reto para todos los que ya fuimos bautizados en su momento y, como al ciego, una nueva luz alumbró nuestro camino. El Bautismo nos introduce en una vida nueva en la que Cristo incide de un modo muy especial. Es la luz nueva que quiebra nuestra ceguera y nos hace descubrir que su presencia no es una mera anécdota o un suceso sin importancia, sino un acontecimiento que determina nuestra presencia en el mundo y nuestra relación con Dios y los hermanos. El Señor está: ¡ya nada puede ser igual!

Aquel hombre lo descubre pronto. Su nueva situación molesta. Es lo que ocurre, también hoy, cuando proclamamos con convicción que Cristo vive y que está en medio del mundo, en especial, encarnado en los que sufren. Pero a él ya no le importa. Le marginan, le expulsan del templo, le excluyen, pero él se proclama seguidor de Cristo: Creo, Señor.

Hoy, son muchas nuestras cegueras. Nos impiden ver más allá de lo inmediato e impiden que nuestro corazón descubra de verdad lo que significa el hecho de que Cristo sea, también para nosotros, un acontecimiento. En esta Cuaresma te animo a que dejes atrás tus cegueras. Deja que el Señor unte tus ojos de barro nuevo para que la noche de la Pascua tu corazón se llene de una luz renovadora.

Carlos Escribano Subías
Obispo de Teruel y Albarracín

domingo, 23 de marzo de 2014

TERCER DOMINGO DE CUARESMA


"Díjole la mujer: Señor, dame de esa agua para que no sienta más sed" (Jn. 4, 15). La petición de la samaritana a Jesús manifiesta, en su significado más profundo, la necesidad insaciable y el deseo inagotable del hombre. Efectivamente, cada uno de los hombres digno de este nombre se da cuenta inevitablemente de una incapacidad congénita para responder al deseo de verdad, de bien y de belleza que brota de lo profundo de su ser. El hombre tiene necesidad de Otro; vive, lo sepa o no, en espera de Otro, que redima su innata incapacidad de saciar las esperas y esperanzas.
¿Cómo podrá encontrarse con Él? Para este encuentro resolutivo es condición indispensable que el hombre tome conciencia de la sed existencial que lo aflige y de su impotencia radical para apagar su ardor. El camino para llegar a esta toma de conciencia es, para el hombre de hoy como para el de todos los tiempos, la reflexión sobre la propia existencia.
¿Cómo definir esta experiencia humana profunda que indica al hombre el camino de la auténtica comprensión de sí mismo? Es el cotejo continuo entre el yo y su destino. La verdadera experiencia humana tiene lugar solamente en la apertura genuina a la realidad.
¿Cuáles son las características de tal experiencia, gracias a la cual el hombre puede afrontar con decisión y seriedad la tarea del "conócete a ti mismo", sin perderse a lo largo del camino de esa búsqueda? Dos son las condiciones fundamentales que debe respetar.
Ante todo, deberá aceptar apasionadamente el complejo de exigencias, necesidades y deseos que caracterizan su yo. En segundo lugar, debe abrirse a un encuentro objetivo con toda la realidad.
¡Qué difícil resulta para el hombre en el mundo de hoy arribar a la playa segura de la experiencia genuina de sí, en la que puede entrever el verdadero sentido de su destino! Está continuamente asechado por el riesgo de ceder a los errores de perspectiva que, haciéndole olvidar su naturaleza de "ser" hecho a imagen de Dios, le dejan luego en la más desoladora de las desesperaciones o, lo que es peor aún, en el cinismo más inexpugnable.
A la luz de estas reflexiones, qué liberadora aparece la frase que pronuncio la samaritana: "Señor..., dame de esa agua para que no sienta más sed"... Realmente vale para todo hombre, más aún, mirándolo bien, es una profunda descripción de su misma naturaleza.
En efecto, el hombre que afronta seriamente sus problemas y observa con ojos limpios su experiencia según los criterios que hemos expuesto, se descubre más o menos conscientemente como un ser a la vez lleno de necesidades, para las que no sabe encontrar respuesta, y traspasado por un deseo, por una sed de realización de sí mismo, que no es capaz él solo de satisfacer.
El hombre se descubre así colocado por su misma naturaleza en actitud de espera de Otro que complete su deficiencia. En todo momento impregna su existencia una inquietud, como sugiere Agustín al comienzo de sus Confesiones: "Nos has hecho, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti" (Confesiones 1, 1).
Cristo es quien lo salva. Sólo Él puede sacarlo de esta situación en que se encuentra, colmando la sed existencial que le atormenta.
Juan Pablo II


 
 
 
 

sábado, 15 de marzo de 2014

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA


Jesús invitó a su Transfiguración a Pedro Santiago y Juan. A ellos les dio este regalo, este don. Ésta tuvo lugar mientras Jesús oraba, porque en la oración es cuando Dios se hace presente. Los apóstoles vieron a Jesús con un resplandor que casi no se puede describir con palabras: su rostro brillaba como el sol y sus vestidos eran resplandecientes como la luz.
Los personajes que hablaban con Jesús son: Moisés y Elías.
Moisés, fue el que recibió la Ley de Dios. Representa a la Ley.
Elías, es el padre de los profetas. Representa los profetas.
Ellos dan testimonio de Jesús, quien es el cumplimiento de todo lo que dicen la ley y los profetas.
Ellos hablaban de la muerte de Jesús, porque hablar de la muerte de Jesús es hablar de su amor, es hablar de la salvación de todos los hombres. Precisamente, Jesús transfigurado significa amor y salvación.
De la nube que los envuelve sale la voz del padre que dice "Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle" la invitación a escuchar a su hijo significa seguirlo. Escuchar y poner en practica su palabra es simentar nuestra casa sobre roca y no sobre arena.
¿Qué nos enseña este acontecimiento?
-Nos enseña a seguir adelante aquí en la tierra aunque tengamos que sufrir, con la esperanza de que Él nos espera con su gloria en el Cielo y que vale la pena cualquier sufrimiento por alcanzarlo.
-A entender que el Cielo es algo que hay que ganar con los detalles de la vida de todos los días.
-A entender que el sufrimiento, cuando se ofrece a Dios, se convierte en sacrificio y así, éste tiene el poder de salvar a las almas. Jesús sufrió y así se desprendió de su vida para salvarnos a todos los hombres.
-A valorar la oración, ya que Jesús constantemente oraba con el Padre.
-A vivir el mandamiento que Él nos dejó: “Amaos los unos a los otros como Yo os he amado”.
 
 

sábado, 8 de marzo de 2014

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA


Jesús nos muestra los medios para vencer al enemigo:


“Vigilad y orad para no caer en la tentación” Mt 26, 4.
Lo primero que nos muestra Cristo es que la tentación no tiene nada de malo en sí misma. Hay una diferencia grandísima entre sentir la tentación y aceptar la tentación. Podemos sentir todas las tentaciones del mundo, pero si no las aceptamos no hay problema. Además, si las rechazamos por amor a Dios, la tentación se convierte en un momento valiosísimo. Podemos demostrarle que le preferimos a Él antes que a nosotros mismos.
Jesús vence las tentaciones del demonio porque prefería vivir la voluntad del Padre antes que la suya, porque buscaba la gloria del Padre sobre la suya, porque ponía los planes de Dios antes que los suyos.



 

sábado, 1 de marzo de 2014

8º Domingo Tiempo Ordinario.


Seguramente hay muchas cosas que nos inquietan en el día a día: las urgencias económicas, los problemas que resolver y las necesidades por cubrir. Jesús nos lleva a la experiencia profunda y pacífica de un Dios que, como un padre y una madre, conoce nuestras necesidades y provee lo necesario para nuestra vida. Jesús quiere que vivamos libres de la inquietud y la preocupación. Que nos ocupemos de las cosas mientras nuestra vida está entregada, serenamente, en las manos de Dios que vela por nuestros asuntos.
 


 

sábado, 15 de febrero de 2014

6º Domingo Tiempo Ordinario. Se dijo a los antepasados... pero yo les digo

"Si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos...". Para el judaísmo contemporáneo a Jesús, el hombre justo era aquel que ajustaba su vida a la Ley.
En esta parte del sermón, Jesús dice, que no vino a cambiar nada de la Ley sino a darle perfección. Pero también dice que hace falta un tipo de justicia, es decir, un modo de ajustarse a la Ley, mayor que el de los escribas y fariseos. ¿En qué sentido? Jesús no habla del formalismo de la Ley ni de agregar nuevos preceptos. Lo que él quiere es una interiorización de la Ley. Un cumplimiento externo es algo muy pobre, es lo mínimo. Para Jesús no alcanza con decir "yo no maté a nadie"; la justicia mayor está en amar y perdonar. Esto es para Jesús el modo de perfección de la Ley: se hace más radical, porque abarca no sólo los actos externo sino también la intención del corazón.
Padre Dios, me uno a todos tus hijos para alabarte y darte gracias porque, por medio de Jesús, nos enseñaste el espíritu de la ley, que se fundamenta en el amor y en la sinceridad
 

sábado, 1 de febrero de 2014

4º Domingo Tiempo Ordinario. La Presentación del Señor


La fiesta de la Presentación del Señor en el templo, cuarenta días después de su nacimiento, pone ante nuestros ojos un momento particular de la vida de la Sagrada Familia: según la ley mosaica, María y José llevan al niño Jesús al templo de Jerusalén para ofrecerlo al Señor (cf. Lc 2, 22). Simeón y Ana, inspirados por Dios, reconocen en aquel Niño al Mesías tan esperado y profetizan sobre él. Estamos ante un misterio, sencillo y a la vez solemne, en el que la santa Iglesia celebra a Cristo, el Consagrado del Padre, primogénito de la nueva humanidad.
Las palabras que en este encuentro afloran a los labios del anciano Simeón —"mis ojos han visto la salvación" (Lc 2, 30)—, encuentran eco en el corazón de la profetisa Ana. Estas personas justas y piadosas, envueltas en la luz de Cristo, pueden contemplar en el niño Jesús "el consuelo de Israel" (Lc 2, 25). Así, su espera se transforma en luz que ilumina la historia.
Queridos hermanos y hermanas, como cirios encendidos irradiad siempre y en todo lugar el amor de Cristo, luz del mundo. María santísima, la Mujer consagrada, os ayude a vivir plenamente vuestra especial vocación y misión en la Iglesia, para la salvación del mundo. Amén
 
  
 

sábado, 25 de enero de 2014

3º Domingo Tiempo Ordinario.«Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.»



Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, al que llaman Pedro, y Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores.


Les dijo: «Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.»


Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.




FIESTA DE LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO APÓSTOL



Sucedió que, yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz venida del cielo, cayó en tierra y oyó una voz que le decía: «Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?». El respondió: «¿Quién eres, Señor?» Y él: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer.»
 Cuando Pablo fue tirado por tierra, fue capaz de entregarle a Cristo absolutamente todo sus ser. Mas tarde pudo decir "ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mi"




miércoles, 22 de enero de 2014

SANTA CLARA Y SAN FRANCISCO DE ASÍS

Sus vidas y su vocación son complementarias y interdependientes. Desde el comienzo uno es para el otro manifestación de la Presencia y de la voluntad de Dios.
 
 

domingo, 12 de enero de 2014

BAUTISMO DE JESÚS


En aquel tiempo, fue Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo, diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?»
Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere.» Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. y vino una voz del cielo que decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto.»
Las palabras de Dios Padre que escuchó Jesús son el secreto de su modo de vida. La certeza de saberse amado de Dios es la fuente de la que brota la confianza, el abandono, la fuerza, la obediencia, la entrega total.
El ardor, el gozo, el testimonio en la vivencia cristiana dependen de tener o no la convicción creyente de ser, como Jesús, amados por Dios, sostenidos por Él. Quienes fuimos bautizados, hemos recibido el don precioso de la filiación divina adoptiva, y desde esta conciencia nos debería acompañar el gozo desbordante por sabernos amados en el Hijo amado.

sábado, 28 de diciembre de 2013

LA SAGRADA FAMILIA

La Sagrada Familia nos habla de todo aquello que cada familia anhela auténtica y profundamente, puesto que desde la intensa comunión hay una total entrega amorosa por parte de cada miembro de la familia santa elevando cada acto generoso hacia Dios.
“Oh Jesús, acoge con bondad a nuestra familia que ahora se entrega y consagra a Ti, protégela, guárdala e infunde en ella tu paz para poder llegar a gozar todos de la felicidad eterna.”
“Oh María, Madre amorosa de Jesús y Madre nuestra, te pedimos que intercedas por nosotros, para que nunca falte el amor, la comprensión y el perdón entre nosotros y obtengamos su gracia y bendiciones.”
“Oh San José, ayúdanos con nuestras oraciones en todas nuestras necesidades espirituales y temporales, a fin de que podamos agradar eternamente a Jesús. Amén.”
 
 
 

 
 

miércoles, 18 de diciembre de 2013

FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO AÑO NUEVO 2014.

Paz y bien hermanos:
Las Hermanas Pobres de Santa Clara les desean a todos  ustedes una FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO AÑO NUEVO 2014. Queremos compartir con ustedes lo que significó Cristo para     Nuestra Madre Santa Clara escrito en sus cartas a Inés de Praga:
“Fija tu mente en el espejo de la eternidad, fija tu alma en el esplendor de la gloria (cf. Heb 1,3), fija tu corazón en la figura de la divina sustancia (cf. Heb 1,3), y transfórmate toda entera, por la contemplación, en imagen de su divinidad (cf. 2 Cor 3,18), para que también tú sientas lo que sienten los amigos cuando gustan la dulzura escondida (cf. Sal 30,20) que el mismo Dios ha reservado desde el principio para quienes lo aman (cf. 1 Cor 2,9).
Ama totalmente a Aquel que por tu amor se entregó todo entero (cf. Gál 2,20), 16cuya hermosura admiran el sol y la luna, cuyas recompensas y su precio y grandeza no tienen límite (cf. Sal 144,3); hablo de aquel Hijo del Altísimo a quien la Virgen dio a luz, y después de cuyo parto permaneció Virgen. 18Adhiérete a su Madre dulcísima, que engendró tal Hijo, a quien los cielos no podían contener (cf. 1 Re 8,27; 2 Cr 2,5), y ella, sin embargo, lo acogió en el pequeño claustro de su sagrado útero y lo llevó en su seno de doncella.
¡Oh bienaventurada pobreza, que da riquezas eternas a quienes la aman y abrazan! ¡Oh santa pobreza, que a los que la poseen y desean les es prometido por Dios el reino de los cielos (cf. Mt 5,3), y les son ofrecidas, sin duda alguna, hasta la eterna gloria y la vida bienaventurada! ¡Oh piadosa pobreza, a la que el Señor Jesucristo se dignó abrazar con preferencia sobre todas las cosas, Él, que regía y rige cielo y tierra, que, además, lo dijo y las cosas fueron hechas (cf. Sal 32,9; 148,5)! Pues las zorras, dice Él, tienen madrigueras, y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del hombre, es decir, Cristo, no tiene donde reclinar la cabeza (cf. Mt 8,20), sino que, inclinada la cabeza, entregó el espíritu (cf. Jn 19,30).
Con estas intenciones que Dios los bendiga y que el Niño de Belén pueda nacer en nuestros corazones, viendo en nuestros hermanos a Cristo que vive entre nosotros.
 
 
 
 

lunes, 11 de noviembre de 2013

PAZ Y BIEN HERMANOS

 
Estamos cerca para clausurar el "año de la fe", para nosotras una gracia de cada día poder reafirmar en quien creemos y desde este texto que leímos en la carta encíclica Lumen Fidei, queremos compartir con todos ustedes. Porque es una llamada para volver nuestra mirada hacia lo que iniciamos y a lo que nos comprometemos continuar:
 
"Es urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo. Y es que la característica propia de la luz de la fe es la capacidad de iluminar toda la existencia del hombre. Porque una luz tan potente no puede provenir de nosotros mismos; ha de venir de una fuente más primordial, tiene que venir, en definitiva, de Dios. La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida. Transformados por este amor, recibimos ojos nuevos, experimentamos que en él hay una gran promesa de plenitud y se nos abre la mirada al futuro. La fe, que recibimos de Dios como don sobrenatural, se presenta como luz en el sendero, que orienta nuestro camino en el tiempo. Por una parte, procede del pasado; es la luz de una memoria fundante, la memoria de la vida de Jesús, donde su amor se ha manifestado totalmente fiable, capaz de vencer a la muerte. Pero, al mismo tiempo, como Jesús ha resucitado y nos atrae más allá de la muerte, la fe es luz que viene del futuro, que nos desvela vastos horizontes, y nos lleva más allá de nuestro « yo » aislado, hacia la más amplia comunión. Nos damos cuenta, por tanto, de que la fe no habita en la oscuridad, sino que es luz en nuestras tinieblas.                                               
Deseo hablar precisamente de esta luz de la fe para que crezca e ilumine el presente, y llegue a convertirse en estrella que muestre el horizonte de nuestro camino en un tiempo en el que el hombre tiene especialmente necesidad de luz".

sábado, 5 de octubre de 2013

SAN FRANCISCO DE ASÍS Y LAS ALONDRAS

San Francisco amaba a todos los animales, pero especialmente a los más desfavorecidos y a los que el resto de los hombres atendían menos. No buscaba servirse de ellos, sino que los quería por ser considerados inferiores.Con especial cariño trataba a las alondras, de las que decía:  

“Nuestra hermana alondra lleva en su moño capucha, como nosotros, y es un ave humilde, que va alegre por los caminos buscando granitos para comer, y aunque los encuentre entre el barro y la basura, los saca y se los embucha… Cuando vuela, alaba al Señor, como los buenos religiosos, que menosprecian lo terreno y tienen su conversación en el cielo.
Además, el vestido de su plumaje, con las mangas largas de sus alas, es como el nuestro, de color terroso, y así da buen ejemplo a los religiosos para que no se vistan con trajes preciosos o llamativos, sino con la sencillez y el pardo color de la tierra de los campos.
Como el bienaventurado Francisco veía todo esto en las hermanas alondras, las amaba mucho y las contemplaba de buen grado.