sábado, 24 de febrero de 2018

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA


Jesús invitó a su Transfiguración a Pedro Santiago y Juan. A ellos les dio este regalo, este don. Ésta tuvo lugar mientras Jesús oraba, porque en la oración es cuando Dios se hace presente. Los apóstoles vieron a Jesús con un resplandor que casi no se puede describir con palabras: su rostro brillaba como el sol y sus vestidos eran resplandecientes como la luz.

Los personajes que hablaban con Jesús son: Moisés y Elías.

Moisés, fue el que recibió la Ley de Dios. Representa a la Ley.

Elías, es el padre de los profetas. Representa los profetas.

Ellos dan testimonio de Jesús, quien es el cumplimiento de todo lo que dicen la ley y los profetas.

De la nube que los envuelve sale la voz del padre que dice "Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle" la invitación a escuchar a su hijo significa seguirlo. Escuchar y poner en practica su palabra es simentar nuestra casa sobre roca y no sobre arena.



sábado, 17 de febrero de 2018

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA


Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,12-15):
En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN
Lo primero que nos muestra Cristo es que la tentación no tiene nada de malo en sí misma. Hay una diferencia grandísima entre sentir la tentación y aceptar la tentación. Podemos sentir todas las tentaciones del mundo, pero si no las aceptamos no hay problema. Además, si las rechazamos por amor a Dios, la tentación se convierte en un momento valiosísimo. Podemos demostrarle que le preferimos a Él antes que a nosotros mismos.
Jesús vence las tentaciones del demonio porque prefería vivir la voluntad del Padre antes que la suya, porque buscaba la gloria del Padre sobre la suya, porque ponía los planes de Dios antes que los suyos.


miércoles, 14 de febrero de 2018

MIÉRCOLES DE CENIZA

 "Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará" (Mt 6, 4. 6. 18). Estas palabras de Jesús se dirigen a cada uno de nosotros al inicio del itinerario cuaresmal. Lo comenzamos con la imposición de la ceniza, austero gesto penitencial, muy arraigado en la tradición cristiana. Este gesto subraya la conciencia del hombre pecador ante la majestad y la santidad de Dios. Al mismo tiempo, manifiesta su disposición a acoger y traducir en decisiones concretas la adhesión al Evangelio.
   Son muy elocuentes las fórmulas que lo acompañan. La primera, tomada del libro del Génesis:  "Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás" (cf. Gn 3, 19), evoca la actual condición humana marcada por la caducidad y el límite. La segunda recoge las palabras evangélicas:  "Convertíos y creed el Evangelio" (Mc 1, 15), que constituyen una apremiante exhortación a cambiar de vida. Ambas fórmulas nos invitan a entrar en la Cuaresma con una actitud de escucha y de sincera conversión.
El Señor "ve en lo secreto", es decir, escruta el corazón. Los gestos externos de penitencia tienen valor si son expresión de una actitud interior, si manifiestan la firme voluntad de apartarse del mal y recorrer la senda del bien. 


domingo, 11 de febrero de 2018

VI SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO. "MAESTRO,SI QUIERES,PUEDES LIMPIARME"


Nadie hubiera pensado que curarse de la lepra fuera tan fácil. Lo único que precisó este enfermo, fue acercarse humildemente a Cristo y pedírselo. Él sabía que Cristo bien podía hacerlo. Además, cree con todo su corazón en la bondad del Maestro. Quizá por esto, es que se presenta tan tímido y sencillo a la vez: "Maestro, si quieres, puedes limpiarme". La actitud denota no sólo humildad y respeto, revela además, confianza...
La vida de muchas personas, y a veces la nuestra, se ve llena de enfermedades y males, sucesos indeseados y problemas de todos los tipos, que nos podrían orillar a perder la confianza en el Maestro, Buen Pastor. Quizá alguna vez, hemos pensado que Él nos ha dejado, que ya no está con nosotros; pues sentimos que nuestra pequeña barca ha comenzado a naufragar en el mar de la vida... Pero de esta forma, olvidamos que el primero en probar el sufrimiento y la soledad fue Él mismo, mientras padecía su muerte en la cruz. Y así, nos quiso enseñar que Dios siempre sabe sacar bienes de males, pues por esa muerte ignominiosa, nos vino la Redención.
La lección de confiar en Cristo y en su infinita bondad, no es esperar que nos quitará todos los sufrimientos de nuestras vidas. Sino que nos ayudará a saber llevarlos, para la purificación de nuestra alma, en beneficio de toda la Iglesia.
 P Juan Pablo Menéndez

sábado, 3 de febrero de 2018

V SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO. JESÚS “ TODO EL MUNDO TE BUSCA”

El Señor vino para sanarnos.
Es curioso, pero la acogida que Jesús recibía en las casas era mejor que en la propia sinagoga. Jesús se hallaba en tensión entre las demandas de quienes lo consideraban un “milagrero” y las de quienes lo buscaban con sincero desinterés.La necesidad de aliviar la fiebre de la suegra de Pedro era un signo más de qué era lo que se esperaba de él. En aquella época, la fiebre era considerada como algo demoníaco que dejaba inactivas a las personas. Por eso, las sanaciones no pasaban inadvertidas. El Señor procuró que su condición de Hijo de Dios se manifestara por su capacidad de obrar milagros, pero sobre todo en el sacrificio de la Cruz.
En medio de su popularidad, Jesús mostraba su preocupación por el bien del otro y no se desesperaba, agobiaba o desequilibraba ante tales demandas. Él, con paciencia, amor y misericordia, acogía a la gente con sus penas e impotencias, para sanarla de toda dolencia. no todos veían esto de buena forma, por lo que cuestionaban su actuar: “¿Jesús cura en sábado?”. Se suponía que la Ley servía para la liberación, pero se convirtió en la anulación de la libertad.

Jesús sanó fuera de la sinagoga, lo cual contrariaba la Ley, que instituía como garante a la Palabra de Dios para que diera vida al ser enseñada. Cuando Jesús tocó a una mujer enferma, superó el prejuicio de género e impureza ritual. Es decir, el Señor enseñaba exhibiendo una imagen correcta de Dios, que no castiga ni envía enfermedades.
una vez que Jesús realizaba un milagro o signo, se retiraba para estar a solas con el Padre. no deseaba que lo aclamaran; al contrario, vencía la tentación de la popularidad con la fuerza de la oración, porque entendía que todo lo que hacía era para mostrar de manera ejemplar el poder del amor de Dios, y no otra cosa.
P. Fredy Peña Tobar, ssP

sábado, 27 de enero de 2018

IV SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO. «JESÚS LO INCREPÓ: «CÁLLATE Y SAL DE ÉL.»

Una vez más, el evangelio muestra que Jesús enseña por medio de gestos y palabras. Su acción sanadora es un signo de su poder divino, y en él se abre camino la soberanía de Dios. La sanación de un hombre poseído por un espíritu inmundo confirma ese poder.
Los rabinos consideraban que la sinagoga era el lugar privilegiado para reflexionar sobre la Palabra de Dios.
Afirmaban que un buen maestro tenía autoridad si se destacaba por sus enseñanzas, las que debía fundamentar con citas de autores antiguos, ya que la “tradición” era garantía de veracidad.
Jesús, en cambio, no se apoyaba en lo que decían o hacían otros. Tampoco poseía un título que avalara lo que enseñaba, sino que dijo: “Han oído que se dijo, pero yo les digo”. Su doctrina era nueva porque, al mismo tiempo que enseñaba, liberaba. Esta era la diferencia con la enseñanza de los doctores de la Ley. Jesús, cuando sanó al endemoniado, lo interpeló, lo puso en el centro de la atención y lo dignificó como persona.Los “demonios” eran identificados como potencias espirituales o fuerzas maléficas que poseían a las personas y les provocaban enfermedades: mudez, crisis epilépticas, locura o cuadros de pánico. Por eso, en los evangelios los posesos no son descritos como hombres moralmente malos, sino más bien como víctimas indefensas, sin voluntad propia.
En la sociedad, encontramos que hay personas atribuladas que no pueden ser felices porque alguien o algo se los impide. Sabemos que los espíritus inmundos actuales son, entre otros, la violencia bélica, el terrorismo, la inmoralidad sexual, las injusticias sociales... Somos conscientes de estas circunstancias, pero, en la mayoría de las ocasiones, nos ponemos bajo el alero de ese espíritu inmundo porque no queremos sanar, y le cerramos la puerta a Dios.
P. Fredy Peña Tobar, ssP

sábado, 20 de enero de 2018

III SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO. «SE HA CUMPLIDO EL TIEMPO Y EL REINO DE DIOS ESTÁ CERCA; CONVERTÍOS Y CREED EN LA BUENA NUEVA»

La conversión, una tarea permanente


El tiempo de Jesús se ha cumplido y la cercanía de su reino se manifiesta en sus acciones, como también en el compromiso de transformar la sociedad. El término griego kairós es utilizado para referirse sobre el “tiempo” pleno de sentido. A pesar de ello, no remite a algo cronológico, sino a un momento caracterizado más por su cualidad que por su cantidad. Es un tiempo significativo, de esos que cambian la vida y la trascienden. En ese lapso, Jesús anuncia que él es el Señor de la historia; es decir, lo que antes era una promesa, ahora es una realidad con su persona.Pero este Dios, que se ha hecho cercano, invita y pide una respuesta concreta al hombre: “¡Conviértete!”.
Esa conversión solo se logra creyendo en el mensaje de Jesús. Por eso, el problema del “cambio” surge cuando no se cree y no se toma a Dios en serio, y su mensaje de conversión queda como en un instante eterno. Entonces, ¿por qué afirmar que el Reino está cerca? Porque ese reino se gesta en el interior de cada persona. Por eso, la conversión no se trata solo de una cuestión moral, sino de algo más radical y gozoso: la transformación de la mente, el corazón y las acciones de cada día. El problema de la conversión estriba en que a veces hacemos todo lo contrario a lo que Dios nos pide. Es decir, sabemos que Dios es fiel, pero no nos aferramos a su providencia; creemos que Dios perdona, pero no perdonamos a los que nos ofenden; confesamos que Dios es generoso, y la mayoría de las veces consideramos erróneamente que somos el ombligo del mundo y en que “todo me pasa a mí”
La cruz de Cristo es un signo más elocuente que la predicación de Jonás. Jesús llama y extiende sus brazos de tal modo que nadie quede fuera de su amor reconciliador.
P. Fredy Peña Tobar, ssP

sábado, 13 de enero de 2018

II SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO - MAESTRO, ¿DÓNDE VIVES? ¡VEN Y VERÁS!

Juan Bautista presenta a Jesús como el “Cordero de Dios” para invitar a todo aquel que desea conocerlo. No lo muestra revestido de poder ni de gloria deslumbrante y cegadora; por el contrario, la imagen lo representa inocente, dócil, desprovisto de poder. El testimonio de Juan les sirve a sus discípulos para hacerse una idea de quién es Jesús; sin embargo, lo que les abrirá el deseo de seguirlo e imitarlo es el encuentro personal con el Maestro.

Hoy vemos que muchos “siguen” a Jesús, pero son pocos los que se comprometen con el discipulado. Por eso, la pregunta que les formula el Señor a estos hombres es sobre lo que buscan. En la misma dirección, en algún momento de su vida, cada creyente se ha cuestionado: “¿Qué busco al seguir a Jesús?”. Si sólo lo busca por curiosidad, interés intelectual o simplemente para rebatir lo que dijo o hizo, seguramente, se alcanzarán respuestas de todo tipo. Pero no resolverá la cuestión de fondo: qué significa encontrarse con ese Alguien.
Los discípulos de Juan no están interesados en “teorías” sobre Jesús ni en especulaciones sobre su enseñanza, sino que buscan entablar un lazo de intimidad y permanecer con él. A la hora de hacer el balance de su opción, tanto Andrés como Simón sintieron que valió la pena ir hacia Jesús y conocer cómo vivía.
Aquella fue una oportunidad para superar la temporalidad, el tedio, la rutina, incluso el sufrimiento que desarticulaba toda esperanza, pero también una instancia esencial para tomar decisiones acertadas.
En los tiempos que vivimos, por muchas razones, ese encuentro personal con Cristo puede perder su fuerza y vigor. No permitamos que suceda así, pues solo la renovación de ese “permanecer” con Cristo, el primer amor, nos lleva a mostrar a Jesús para que otros se salven.
P. Fredy Peña Tobar, ssP

sábado, 6 de enero de 2018

Bautismo del Señor:«Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto.»

La fiesta de la navidad, que celebramos recientemente, nos trajo la feliz noticia de que Dios no está solo, sino que ha querido manifestarse en la persona de su Hijo amado.El Bautista se presenta como portador de una instancia del juicio de Dios por los pecados. Por eso sorprende que el Mesías quiera hacerse bautizar, y no que él administre un bautismo. Pero esta decisión de Jesús lo lleva a ser uno con el pecador. Él, que vive en perfecta comunión con Dios Padre, no se aparta de los hombres, sino que vuelca su mirada de misericordia hacia ellos y comparte su suerte.

¿Por qué Jesús se somete al bautismo de Juan? Parece un contrasentido, pero con este acto cumple toda “justicia”, que no tiene nada que ver con un código de leyes religiosas o morales, ni con la justicia predicada por los fariseos o doctores de la Ley. Su justicia es aquella que consuma la voluntad del Padre, es decir, ser paciente y misericordioso con el hombre. Jesús, con su misericordia, nos ofrece su gracia, la misma que en unas bodas permitieron la continuación del festejo y que está presente cuando se bendice el vínculo de dos personas que se aman. La misma gracia que se manifiesta cuando perdona al paralítico y lo sana, y que ahora percibimos cuando somos absueltos, luego de confesar nuestras faltas.
Ante una sociedad que rechaza la enseñanza de que Dios actúa por medio de un sacramento, la fiesta del Bautismo del Señor ratifica que Jesús no escogió un camino fácil, sino que decidió compartir nuestro propio destino. Quiso ser solidario con el hombre y dejó que su Iglesia actúe en su nombre a través de signos y palabras de perdón, los mismos que realizó y dijo cuando estuvo entre nosotros.

P. Fredy Peña Tobar, ssP

sábado, 30 de diciembre de 2017

La Sagrada Familia : Jesús, María y José.

En la vida de Jesús, no caben dudas de que es necesario destacar tanto su concepción y nacimiento como su niñez. en esta historia no podemos olvidar la figura de José, hombre justo y obediente, y que por medio de él, Jesús se convierte en descendiente de David. José es el verdadero modelo del padre de familia y, en cuyo sueño, Dios se manifestó y salvó a la Sagrada Familia.
Nosotros anhelamos que nuestra familia sea como la de Jesús; sin embargo, constatamos que es común encontrar familias monoparentales; o una abuela, tía o tío haciendo el rol de “padres”; o comprobamos que existen familias ensambladas...
Los cristianos debemos aceptar que la sociedad actual vive los vínculos familiares de una manera diferente a los tradicionales, ya que hay muchas personas de buena voluntad o gran corazón que se hacen cargo de la crianza de los niños que requieren afecto, personas con pensamientos distintos de otras pero con capacidad para brindar cariño a los niños. Todo en contraposición a la gran cantidad de gente que no es responsable con el hijo que engendraron.
La familia de Jesús tuvo que velar por su seguridad, vivir como exiliados en Egipto y, luego, recomenzar su vida en Nazaret. allí Jesús, María y José vivieron el amor de familia, aparentemente como cualquier otra. no obstante, su vida familiar no estuvo exenta de problemas, y Jesús pudo crecer en edad, sabiduría y gracia de Dios. Se educó bajo el alero de un padre que, como buen judío, le enseñó a orar y valorar la dignidad del trabajo. Acompañando a su madre, vivió la simplicidad de la pobreza y la fortaleza de espíritu. en ambos, observó la humildad de corazón y el amor mutuo, atesorándolos eternamente como su don más preciado.

P. Fredy Peña Tobar, ssP

domingo, 24 de diciembre de 2017

SANTA CLARA DE ASÍS Y LA NAVIDAD


Las intuiciones navideñas de Clara son muchas y están relacionadas, sobre todo, con María, contemplada desde el punto de vista de la maternidad y la pobreza. 

Por eso no es extraño que sucediera lo que ocurrió la noche de Navidad de 1252.


Esa noche, el Niño Jesús transporta a Santa Clara lejos de su lecho de enferma, y el amor, que carece de lugar y tiempo, la envuelve en una experiencia mística que la introduce en profundidad infinita de Dios. Tanto quería el Niño Dios ser contemplado y adorado por la Santa, que muy a pesar de los dolores y enfermedades que ella sufriera, Él mismo la transportó, para que ella con sus ojos pudiera contemplarle en esa Noche Santa, con sus labios alabarle y con su corazón amarle. Tal como el Niño Dios esperaba ser abrazado por el amor de Santa Clara, esta Noche Bendita que se aproxima, desea que nosotros le esperemos con el corazón dispuesto para amarle y adorarle.

 “Narraba también Clara como, en la pasada noche de la Navidad del Señor, al no poder ella levantarse del lecho para entrar en la capilla, por su grave enfermedad, las hermanas fueron todas a maitines como solían, dejándola sola. Entonces ella dijo suspirando: ‘Oh Señor Dios, mira cómo me han dejado sola contigo en este lugar’. Entonces inmediatamente empezó a oír los órganos y responsorios y todo el oficio de los frailes de la iglesia de san Francisco (en Asís), como si hubiese estado allá presente” .La sobrina de Clara, sor Amada de messer Martín de Coccorano añade “que ella oyó a Clara que aquella noche de la Navidad del Señor vio también el pesebre de nuestro Señor Jesucristo”. Y sor Balbina, hermana de sor Amada, después de repetir que Clara “oyó maitines y los demás oficios divinos que se hacían aquella noche en la iglesia de san Francisco, como si hubiese estado allí presente”, agrega las palabras que diría más tarde a sus compañeras: “Vosotras me dejasteis aquí sola, yendo a la capilla a oír maitines, pero el Señor me ha dado buena satisfacción, porque no podía levantarme del lecho”.
No es extraño, pues, que el papa Pío XII, el 14 de febrero de 1958, con el breve “Clarius explendescit”, la declarase patrona de la televisión, ese invento que permite a tantos enfermos e impedidos seguir desde sus casas no sólo las noticias del mundo y tantos espectáculos profanos, sino también la celebración de la misa y otros acontecimientos y programas de contenido religioso. 

 

   

sábado, 23 de diciembre de 2017

Navidad : "Jesús plantó su tienda entre nosotros."

El nacimiento del Hijo de Dios es la mejor noticia que se ha escuchado en toda la historia. En Navidad, recordamos y revivimos ese designio de Dios que es universal, pues tiene por finalidad reconciliar a toda la humanidad con él para reparar la desunión primigeniacon el Creador y restablecer el vínculo de fraternidad roto con la sangre de Abel.
La encarnación y el nacimiento, con ese objetivo, tuvieron sus consecuencias. Jesús fue hijo, vecino y amigo y, desde su humanidad plena, se interesó por dignificar a las personas enfermas, pobres, descarriadas, marginadas... Así subió a la cruz, donde comenzó una nueva creación de cielos nuevos y tierra nueva. Naciendo en una determinada cultura y, por ende, religión, mostró los intereses de Dios y los defendió de un culto inmisericorde y legalista, donde valía más la ofrenda material que el arrepentimiento del corazón. Como Hijo, entonces, nos enseñó que Dios es Padre y nosotros, hermanos, sin distinción de raza, lengua o nación; sin acepción de personas. El Hijo de Dios hecho hombre puso así su tienda entre nosotros y nunca más la levantó. Hoy celebramos ese nacimiento y lo liberamos del falso revestimiento con que lo hemos recubierto: una religión del consumo de luces y regalos, brindis frívolos, comidas opíparas y personajes exóticos. Hoy debemos recordar que la tienda de Jesús está en medio de los hogares de los desempleados; de las víctimas del narcotráfico, el consumo de drogas, y la trata de personas; de los accidentes viales y la inseguridad; de los ancianos abandonados y del 30% de los argentinos pobres. Esa buena noticia bimilenaria que ha llegado a la humanidad espera que nosotros la hagamos alegría en Navidad, encarnando enel hoy de la historia al mismo Hijo de Dios.


P. Fernando Teseyra, ssP


Cuarto Domingo de Adviento: “ Alégrate!, el Señor está contigo”


Qué maravilloso relato el de hoy! Se nos cuenta que el ángel Gabriel (que significa “poder de Dios”)anuncia a una mujer –María de Nazaret, prometida de José− que, por el poder del Espíritu Santo, concebiría en su seno a un niño sin la intervención de un padre humano. Este modo extraordinario de concebir a Jesús demostraba la novedad de cómo Dios obra en la historia y que este Niño sería, mediante José, descendiente del rey David.

La expresión “alégrate” es un llamado a las alegrías mesiánicas. María las recibe, pero se turba y no sabe cómo es traer una criatura al mundo en un ambiente social difícil. Pero Dios rompe con esos prejuicios y, por la aceptación de María, se encarna en la historia siendo el “Emmanuel”, “el Dios con nosotros”. Su reinado será para siempre y se concretará en él la gran esperanza del mundo. Este acontecimiento es muy significativo, pues ha transformado nuestra historia. La Encarnación trae vida nueva, al modo que lo hace la noticia de un embarazo en la vida de una mujer. Esta debe cuidar su salud, hacer una dieta, no fumar ni beber alcohol.
El Dios en la historia también requiere ciertos cuidados. Por eso, son bienaventurados quienes acreditan este gran misterio, en el que Dios se posa en el vientre de una mujer y se encarna como ser humano. Estas maravillas no son solo de María, sino que también pertenecen a todo creyente que se alegra con ella por tan grande designio de Dios.
Como la Virgen, añoramos que el Señor esté con todo aquel que ha perdido las esperanzas. Y en medio de la alegría, al igual que María, reconocemos nuestra insuficiencia personal para imitar al mismo Jesús. No obstante, nuestra vocación como creyentes debe centrarse en una tranquila confianza en el poder de Dios: “No temas, el Señor está contigo”.

P. Fredy Peña Tobar, ssP

sábado, 16 de diciembre de 2017

Tercer Domingo de Adviento: “Yo bautizo con agua, pero, en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia”.

Juan se presenta como el testigo de la luz. En algunos ambientes de Palestina, Juan Bautista era considerado como el verdadero Mesías. Así lo entendieron algunas corrientes espirituales del siglo I, que negaban el mesianismo de Jesús. El testimonio de Juan acerca de Jesús suscitaba adhesión y anhelos de conocer a Dios. Jesús es la luz que resplandece para todo el género humano, pero para muchos esa luz, por momentos, se esconde y les cuesta verla. Él no se impone, no usa la violencia ni fuerza a nadie. Él es la luz que respeta la libre decisión del hombre y no deja estéril la opción por su persona.

Juan, fiel a su misión de precursor, es el profeta que sensibiliza con su palabra y alecciona con sus actos, no para adquirir honores, sino para denunciar lo que está errado y proclamar lo que permanece oculto: Jesús. Hoy vemos que parte de la humanidad se siente perdida y parece que no encuentra un sentido, y la figura de Jesús, cada vez le apasiona menos. Como consecuencia, le parece más fácil consultar a los gurúes de turno, porque se presentan más actuales y postulan un modo de vivir sin muchas exigencias, donde todo está permitido y se rechazan las exigencias de la Buena Noticia: vivir en paz, ser solidarios y mantener la unión con Dios. Queremos caminar bajo la luz, pero siempre y cuando no tengamos que pagar un precio por ello. Hoy vivimos la esperanza de ser discípulos de Cristo luz, pero esto entra en contraste con personas, aparentemente creyentes, que siguen ideologías idolátricas, apoyándose en el dinero, en el prestigio o en otras cosas. Seamos testigos de la luz
anticipando el reino de la paz, el amor y la justicia.


P. Fredy Peña Tobar, ssP

sábado, 9 de diciembre de 2017

Segundo Domingo de Adviento: “Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos”

Juan Bautista anticipa la venida del Señor, no la de cualquier profeta. Con su bautismo, prepara a las personas para la aceptación de aquella novedad de Dios en la historia: Jesús. Así invita a considerar una nueva manera de relacionarse con Dios y la necesaria conversión que esto trae. Con frecuencia, los seres humanos tendemos a alejarnos de Dios y preferimos aferrarnos a las personas o las cosas, más que colocarlo en el centro de nuestro corazón. Focalizamos nuestras expectativas de vida, intereses y esperanzas en afectos desmedidos que, a la postre, nos traen desilusión y tristeza.
Cuando Juan llama a la conversión, nos interpela: “¿Quién es tu Dios? ¿Qué es lo que ocupa el centro de tu vida?”. La conversión nos redirige a Dios y nos muestra que, aceptando el bautismo como expresión de transformación, hay espacio para la misericordia. ¡Este es el gran grito del Adviento! Si alguien está en tinieblas y en sombras de muerte, si alguien ha perdido la amistad con Dios y no sabe cómo volver a él, este es el tiempo de regresar. Esta es la hora para dejar que Jesús entre y habite en nuestro corazón, para vivir como él vivió.Juan Bautista pudo encaminar a muchos a la conversión y el bautismo, pero, sobre todo, para que acepten a Aquel que él les anunciaba. Solo el Padre Dios y su Hijo pueden comunicarnos su Espíritu. El Espíritu que da Jesús nos hace testigos de lo que significa vivir en comunión con Dios.
P. Fredy Peña Tobar, ssP

sábado, 2 de diciembre de 2017

Primer Domingo de Adviento: “La espera y el compromiso”

Al tiempo de Adviento podemos simbolizarlo con una mujer embarazada: todo su ser se va transformando en función de la esperanza, a causa del pequeño que va gestándose en su vientre, y la alegría del entorno familiar por ese nuevo ser que palpita y va a nacer. Como discípulos de Jesús, en este tiempo, nos preparamos para celebrar su nacimiento y, con la misma ilusión, renovamos la expectativa de su segunda venida.



Jesús compara la situación de los discípulos con unos criados a quienes su señor, antes de partir, les confía todo cuanto tiene, sin saber cuándo regresará. Sucede que, a veces, tenemos la sensación de sentirnos solos, como si Dios no estuviera presente, pero no nos damos cuenta de que él nos ha dejado su Palabra y nos ha dicho cómo debemos comportarnos para hacer buen uso de sus bienes. Es cierto que hay momentos en que nos invade una sensación de que a Dios, para bien o para mal, no le preocupa este mundo.

Este aparente ocultamiento de Dios nos puede llevar a juzgar que él no nos ama.Como creyentes,

confiamos en que el Señor volverá, aunque nos cuesta perseverar en la espera. Sería más fácil dar rienda suelta a todo cuanto se nos ocurre sin sentir ningún tipo de culpa. Pero Jesús nos invita a estar vigilantes, para no permanecer en una actitud de espera pasiva y para empeñarnos aún más en nuestras concretas acciones de responsabilidad, custodiando los bienes que Dios nos ha confiado.

Testimoniar la acción y la presencia de Dios es la mejor actitud vigilante del creyente Aunque es posible que nos “desanimen” y eludamos los compromisos cuando vemos la victoria de la injusticia y la muerte, siempre podemos acercarnos confiados a Jesús, gozosos y en vigilante espera, cuyas palabras y acciones nos cautivan.

P. Fredy Peña Tobar, ssP


miércoles, 29 de noviembre de 2017

CARTA POR LA NAVIDAD DEL MINISTRO GENERAL Fr. MICHAEL A. PERRY, OFM - 2017

DIOS SE HACE HOMBRE PARA QUE EL HOMBRE PUEDA HACERSE DIOS

Vayamos a Belén a ver lo que ha sucedido



Este año la Custodia de Tierra Santa ha celebrado los 800 años de su fundación. La Orden de los Hermanos menores no podía ignorar este acontecimiento que la abrió a la misión. Quise estar presente, con el Vicario general en medio de los hermanos, porque el mensaje de Tierra Santa interpela a todo hermano menor hoy. El Verbo de Dios puso su tienda en medio de los hombres y se hizo hijo del hombre para habituar al hombre a comprender a Dios y para habituar a Dios a poner su morada en el hombre según la voluntad del Padre. En Belén Dios ha tomado un rostro humano.



Verbum abbreviatum



San Francisco pedía a los hermanos predicadores usar la brevedad de palabra (Rb 9,4). El motivo es este: porque palabra abreviada hizo el Señor. En los tiempos pasados Dios habló muchas veces y de varias maneras por medio de los profetas. Su palabra se prolongó por siglos. Ahora en cambio habla por medio del Hijo, que es su palabra breve. Esta palabra se hace carne en Jesús y resume en sí toda la revelación: Dios es amor. Escribe un monje cisterciense, Guerrico de Igny: “Él es la palabra condensada, de tal modo que en ella se encuentra el cumplimiento de toda palabra que en sí se cumple y sintetiza el plan de Dios. No debemos admirarnos si la Palabra ha resumido para nosotros todas las palabras proféticas, viendo que ha querido “abreviar” y de alguna manera empequeñecerse a sí misma”. También para Francisco los hermanos menores deben anunciar la palabra de Dios encarnada, el Verbum abbreviatum. A ese empequeñecerse de la palabra de Dios corresponde el hacerse pequeño de Francisco y de sus hermanos: el estilo del anuncio franciscano será el de hacerse menores, es decir, más pequeños, como el Verbum abbreviatum.



La Encarnación de Cristo incluso aunque Adán no hubiera pecado



Duns Escoto, discípulo de Francisco a diferencia de muchos pensadores cristianos de su tiempo, defendió la idea de que el Hijo de Dios se habría hecho hombre incluso si la humanidad no hubiera pecado. “Pensar que Dios hubiese renunciado a tal obra si Adán no hubiera pecado, -escribe Duns Escoto- ¡sería totalmente irrazonable! Digo por tanto que la caída no fue la causa de la predestinación de Cristo, y que –aunque nadie hubiera caído, ni ángel ni hombre- en esta hipótesis Cristo habría sido predestinado de todos modos” (Reportata Parisiensia, en III Sent., d. 7, 4). Para Duns Escoto, un teólogo optimista, la encarnación del Hijo de Dios es la culminación de la creación. Esta concepción cambia nuestro modo de mirar toda la creación, que es elevada por Dios a su propia altura. Pensemos qué consecuencias tiene esta visión sobre la sensibilidad ecológica y sobre la consideración del ambiente, como cambia la mirada sobre el mundo y sobre las relaciones sociales, en una perspectiva que nuestro Papa Francisco llama “ecología integral”.



Nacido en Belén, tierra de paradojas



Belén era la tierra de Rut. En los campos de Booz, Rut iba a recoger las espigas que dejaban caer los segadores: ella atrajo la atención del patrón, que se enamoró de ella y la tomó por esposa a pesar de ser una moabita, una extranjera. Del amor de ambos nació Obed, que fue el padre de Jesé, el cual fue a su vez padre del rey David. En la genealogía del Rey David y del hijo de David hay una extranjera, Rut, la moabita. El profeta Miqueas había predicho que el Mesías nacería en el humilde poblado de Belén y el profeta Isaías que nacería de una virgen (en la versión de los LXX Parthenos) de la estirpe de David y por ella sería llamado Emmanuel, Dios con nosotros.



En los campos de Booz donde Rut espigaba, donde David pastoreaba su rebaño, el profeta Samuel vino a consagrar al rey de Israel. Allí los pastores de Belén que pasaban la noche al descampado para hacer la guardia a las ovejas, recibieron el alegre anuncio del nacimiento de Cristo: “Hoy ha nacido para ustedes un Salvador”.



El emperador Augusto mandaba en el mundo con todo su poder, y ordenaba un censo, mientras el Hijo de Dios no solo nacía como todos los humanos, en la fragilidad y en la debilidad, pero nacía como hijo desconocido, en la pobreza de una gruta de Belén. El ángel que llevaba la buena noticia no apareció en los palacios del Herodium a los grandes de este mundo, sino a los pastores despreciados por los grandes.



El escándalo de la encarnación de Dios



Las profecías habían preanunciado y aclamado al Mesías, precisamente a su nacimiento, como “niño sobre cuyos hombros está el poder, cuyo Nombre es Consejero admirable, Dios poderoso, Padre por siempre, Príncipe de la paz”; y en cambio ese niño apareció débil, nacido como incógnito. Una mujer encinta daba a luz un hijo en una gruta. De modo que nadie se dio cuenta, no lo sabía ninguno de los que contaban. María, la madre, después del parto lo envolvió en pañales y lo depositó en un pesebre.



Un nacimiento como muchos, y sin embargo era el nacimiento de un hombre que sólo Dios podía producir, un hombre que era la forma misma de Dios (Fil 2,6), un hombre que era la Palabra de Dios hecha carne. Desde aquel momento Dios no sólo estaba presente en medio de nosotros, sino que era uno de nosotros, humanidad de nuestra humanidad, hermano de todo ser humano.



He ahí el misterio que celebramos en Navidad: el altísimo se hizo bajísimo, el Eterno se ha hecho mortal, el Omnipotente se ha hecho débil, el Santo se ha hecho solidario con los pecadores, el Invisible se ha hecho visible. Dios se hizo hombre en Jesús, el hijo de María. Este acontecimiento ha producido la crisis de toda relación en la cual Dios es Dios y el hombre es un hombre, porque la trascendencia los separaba. Con la Navidad la humanidad está en Dios y Dios está en la humanidad, y ya no es posible decir y pensar a Dios sin decir y pensar en el hombre. Ese niño desde su nacimiento hasta su muerte manifestará a Dios con su vida, sus palabras, su comportamiento, con su cuerpo ofrecido y entregado en manos de los malhechores.



Después de san Bernardo, Francisco insistía sobre la humanidad de Jesús y su encarnación. Este es un elemento esencial del carisma franciscano. Después de este nacimiento del Dios-hombre, está primero el hombre y no el sábado, existe primero el hombre y no la ley, antes que adorar a Dios en Jerusalén, se lo adora en Espíritu y en verdad.



De esta revelación se hacen ministros los ángeles, primero el ángel que se apareció a los pastores, luego los ejércitos de ángeles –los 70 ángeles de las naciones, según Orígenes- que alaban a Dios y reconocen su gloria. Precisamente estos pastores, considerados los últimos de la sociedad de Israel, porque en el desierto no observaban las leyes de pureza, eran los primeros destinatarios del Evangelio. A ellos el ángel del Señor les anuncia la buena noticia del hoy de Dios.



Dios se hace hombre par que el hombre pueda hacerse Dios



El hombre está llamado a ser divinizado, a ser transfigurado, a reencontrar su vestido de luz. A descubrir en la simplicidad de un recién nacido envuelto en pañales al Hijo de Dios: esta realidad humilde debe hacernos abrir los ojos.



Esta es nuestra fe humanísima: en la pobreza de Belén la vida se ha manifestado y fueron los pobres quienes la acogieron. Una expresión atribuida a los padres de la Iglesia decía: “Has visto a tu hermano, has visto a Dios”. Porque ya Dios se ve, se encuentra, se reconoce, se ama, se adora en el hombre y en la mujer que encontramos todos los días. La divinización se vuelve posible cuando todo cristiano se acerca al mesa del pan eucarístico y Belén para él se vuelve la “casa del pan” (esta es la etimología hebrea de Betlehem”).



La tierra ha dado su fruto



Navidad significa que Cristo quiere nacer en el corazón de los creyentes. Ángel Silesio, un místico de los Países Bajos, hacía notar: “Nacería Cristo mil veces en Belén, si no nace en ti, estás perdido eternamente”. Un cisterciense medieval añade: “Cristo todavía no ha nacido del todo. Nace cada vez que un hombre se hace cristiano”.



Francisco de Asís comenta en su primera Admonición: “cada día él se humilla (Fil 2,8), como cuando de sus sedes regias (Sb 18,15) descendió al seno de la Virgen; cada día viene a nosotros en humildes apariencias; cada día desciende del seno del Padre (Jn 1,18; 6,38) sobre el altar en las manos del sacerdote”. Cristo nace sobre el altar cada vez que el sacerdote celebra la eucaristía.



Francisco pone en paralelo la Navidad y la eucaristía, tanto que en Greccio, donde él reproduce la gruta de Belén, él no quiere estatuas, sino la celebración de la eucaristía en el pesebre, porque el Señor allí “viene a nosotros en humildes apariencias”. Recordémoslo, hermanos, cuando participemos en la misa de la noche de Navidad, y reconozcamos la venida del Señor.



La luz brilla en nuestras tinieblas



Ignacio de Antioquía explica a los cristianos de Éfeso el símbolo de la luz que brilla en nuestras tinieblas: “Una estrella brilló en el cielo más brillante que todas las demás, su esplendor era indescriptible y su novedad hizo pasmar. Y hubo una gran turbación: de dónde vendría esta nueva estrella tan diferente de las demás. Desde este día fue borrada toda magia, fue destrozada toda cadena de perversidad, se disipó la ignorancia, el antiguo reino de Satanás se derrumbó, porque Dios apareció en forma de hombre, para realizar el orden nuevo que es la vida eterna”.



Hoy, en el mundo globalizado en el cual vivimos, ser hijo de la luz exige una gran valentía y quizás nos sintamos tentados por el desaliento. Pero su luz continúa brillando, mansa y silenciosa. Hoy en el mundo líquido que es el nuestro, estamos invitados a reencontrar la roca de la Palabra de Dios que se encarnó en Jesús. Él nos ofrece un apoyo firme y seguro, que da fuerza y paz a nuestra vida.



La primavera árabe había encendido un poco de esperanza en Oriente, esperanza que fue rápidamente desengañada. Navidad, que nos habla de una luz que surge, de una estrella que brilla en el cielo, nos permite recomenzar a esperar. Navidad, en la sociedad de consumo, nos habla del Verbo que se hace pequeño, que escoge para sí la sobriedad y la pequeñez, y nos recuerda que la felicidad no está en el poseer o en el expandirse, sino en hacerse pequeños para servir a los hermanos. Navidad hace renacer la esperanza cristiana y destierra el miedo al futuro.



“Demos gracias a Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo, porque en su misericordia ha tenido misericordia de nosotros y mientras estábamos muertos por nuestros pecados, nos ha hecho revivir con Cristo para que fuéramos en él criaturas nuevas, nuevas obras de sus manos” escribía León Magno.



Feliz Navidad, que el Hijo de la Virgen María llene de gozo sus corazones.



Roma, 29 de noviembre de 2017

Solemnidad de todos los Santos franciscanos



Fraternalmente,

Fr. Michael A. Perry, OFM

Ministro general e Siervo