domingo, 10 de mayo de 2015

VI DOMINGO DE PASCUA


“Son tantos pequeños y grandes gestos que obedecen al mandamiento del Señor: ‘Amaos los unos a los otros como yo os he amado’. Gestos pequeños, de todos los días, gestos de cercanía a un anciano, a un niño, a un enfermo, a una persona sola y en dificultad, sin casa, sin trabajo, inmigrante, refugiado. Gracias a la fuerza de esta palabra de Cristo cada uno de nosotros puede hacerse próximo hacia el hermano y la hermana que encuentra. Gestos de cercanía, de proximidad” donde “se manifiesta el amor que Cristo nos ha enseñado”.

Comentando el Evangelio del día, el Papa indicó que “Jesús ha dado la vida por sus amigos. Amigos que no lo habían entendido, que en el momento crucial lo abandonaron, traicionado y renegado”.

Así, “Jesús nos muestra el camino para seguirlo, el camino del amor. Su mandamiento no es un simple precepto, que tiene algo de abstracto o de exterior respecto a la vida. El mandamiento de Cristo es nuevo porque Él lo ha realizado primero, le ha dado carne, y así la ley del amor fue escrita de una vez para siempre en el corazón del hombre”.

El mandamiento de Cristo, dijo, está escrito “con el fuego del Espíritu Santo. Y con este mismo Espíritu, que Jesús nos dona, podemos caminar también nosotros en este camino”.

Pero se trata de “un camino concreto, un camino que nos lleva a salir de nosotros mismos para ir hacia los demás. Jesús nos ha mostrado que el amor de Dios se realiza en el amor al prójimo. Los dos van juntos. Las páginas del Evangelio están llenas de este amor: adultos y niños, cultos e ignorantes, ricos y pobres, justos y pecadores tienen acogida en el corazón de Cristo”.

Francisco indicó que “esta palabra del Señor nos llama a amarnos los unos a los otros, también si no nos entendemos, no siempre estamos de acuerdos… pero es precisamente ahí donde se ve el amor cristiano”. Este, señaló, es “un amor que se manifiesta también si hay diferencias de opinión o de carácter, pero el amor es más grande que estas diferencias”.

Se trata de “un amor redentor, liberado del egoísmo. Un amor que dona a nuestro corazón la alegría, como dice Jesús mismo: ‘Os he dicho estas cosas para que mi alegría sea en vosotros y vuestra alegría sea plena’”.
 


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