jueves, 5 de octubre de 2017

PELÍCULA " FAUSTINA, Apóstol de la Divina Misericordia"

Hoy  proporcionamos a  nuestros seguidores de este blog una película para trasmitir mensaje de vida que nos han dejado Santos y Santas de Dios, esta semana  les proponemos conocer más acerca de SOR FAUSTINA, vidente del SEÑOR DE LA DIVINA MISERICORDIA, a través de ella  podremos descubrir el inmenso amor que Dios nos tiene y la Gracia  del perdón  que nos regala si nos acogemos a su corazón lleno de misericordia.
"Corre Por El Mundo Entero..." Nuestro Señor le dijo estas palabras a Sor Faustina al pedir que ella propagara la Devoción a la Misericordia Divina. Este video conmovedor cuenta la historia de ELENA KOWALSKA (1905-1938) quien, como SOR FAUSTINA, se hizo la Apóstol de la Misericordia Divina, y a quien Jesús le enseñó a predicar al mundo entero el mensaje de Su Misericordia. Durante varios años escribió en su Diario cada palabra que el Señor le decía. Partes del Diario están incluidas en este video, además de toda la historia de su vida y muerte en Polonia.
 
Frases de Jesús a Santa Faustina:
A las tres de la tarde implora mi Misericordia, especialmente para los pecadores y aunque sea por un breve instante, sumérgete en mi pasión… Es la hora de la gran Misericordia para el mundo entero… En tal hora no negaré nada al alma que me lo pida por mi pasión”.
“Deseo que el mundo entero conozca Mi Misericordia; deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en Mi Misericordia”.
“La falta de confianza lastima mis entrañas… Ningún alma será justificada, a menos que se entregue con confianza a Mi Misericordia… Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos obtendrán misericordia”.
“A las almas que propaguen la devoción a mi Misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa protege a su niño recién nacido, y en la hora de la muerte no seré para ellas Juez, sino Salvador misericordioso.


miércoles, 4 de octubre de 2017

FIESTA DE NUESTRO SERÁFICO PADRE SAN FRANCISCO DE ASÍS


"Hermanos míos, el Señor me llamó por el camino de la sencillez y la humildad y por ese camino persiste en conducirme, no sólo a mí sino a todos los que estén dispuestos a seguirme... El Señor me dijo que deberíamos ser pobres y locos en este mundo y que ése y no otro sería el camino por el que nos llevaría. Quiera Dios confundir vuestra sabiduría y vuestra ciencia y haceros volver a vuestra primitiva vocación".
Nuestro Seráfico Padre Francisco les insistía a sus hermanos en que amaran muchísimo a Jesucristo y a la Santa Iglesia Católica, y que vivieran con el mayor desprendimiento posible hacia los bienes materiales, y no se cansaba de recomendarles que cumplieran lo más exactamente posible todo lo que manda el Santo Evangelio. Además de vivir en fraternidad con todas las criaturas.

"Que la paz que anuncian con sus palabras este primero en sus corazones." ( S. Francisco de Asís)




domingo, 9 de abril de 2017

DOMINGO DE RAMOS

La homilía que el Papa Francisco pronunció:

Esta celebración tiene como un doble sabor, dulce y amargo, es alegre y dolorosa, porque en ella celebramos la entrada del Señor en Jerusalén, aclamado por sus discípulos como rey, al mismo tiempo que se proclama solemnemente el relato del evangelio sobre su pasión. Por eso nuestro corazón siente ese doloroso contraste y experimenta en cierta medida lo que Jesús sintió en su corazón en ese día, el día en que se regocijó con sus amigos y lloró sobre Jerusalén.

Desde hace 32 años la dimensión gozosa de este domingo se ha enriquecido con la fiesta de los jóvenes: La Jornada Mundial de la Juventud, que este año se celebra en ámbito diocesano, pero que en esta plaza vivirá dentro de poco un momento intenso, de horizontes abiertos, cuando los jóvenes de Cracovia entreguen la Cruz a los jóvenes de Panamá.

El Evangelio que se ha proclamado antes de la procesión (cf. Mt 21,1-11) describe a Jesús bajando del monte de los Olivos montado en una borrica, que nadie había montado nunca; se hace hincapié en el entusiasmo de los discípulos, que acompañan al Maestro con aclamaciones festivas; y podemos imaginarnos con razón cómo los muchachos y jóvenes de la ciudad se dejaron contagiar de este ambiente, uniéndose al cortejo con sus gritos. Jesús mismo ve en esta alegre bienvenida una fuerza irresistible querida por Dios, y a los fariseos escandalizados les responde: ‘Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras’ (Lc 19,40).
Pero este Jesús, que justamente según las Escrituras entra de esa manera en la Ciudad Santa, no es un iluso que siembra falsas ilusiones, un profeta ‘new age’, un vendedor de humo, todo lo contrario: es un Mesías bien definido, con la fisonomía concreta del siervo, el siervo de Dios y del hombre que va a la pasión; es el gran Paciente del dolor humano.

Así, al mismo tiempo que también nosotros festejamos a nuestro Rey, pensamos en el sufrimiento que él tendrá que sufrir en esta Semana. Pensamos en las calumnias, los ultrajes, los engaños, las traiciones, el abandono, el juicio inicuo, los golpes, los azotes, la corona de espinas..., y en definitiva al via crucis, hasta la crucifixión.

Él lo dijo claramente a sus discípulos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga’ (Mt 16,24). Él nunca prometió honores y triunfos. Los Evangelios son muy claros. Siempre advirtió a sus amigos que el camino era ese, y que la victoria final pasaría a través de la pasión y de la cruz. Y lo mismo vale para nosotros. Para seguir fielmente a Jesús, pedimos la gracia de hacerlo no de palabra sino con los hechos, y de llevar nuestra cruz con paciencia, de no rechazarla, ni deshacerse de ella, sino que, mirándolo a Él, aceptémosla y llevémosla día a día.

Y este Jesús, que acepta que lo aclamen aun sabiendo que le espera el ‘crucifícalo’, no nos pide que lo contemplemos sólo en los cuadros o en las fotografías, o incluso en los vídeos que circulan por la red. No. Él está presente en muchos de nuestros hermanos y hermanas que hoy, hoy sufren como Él, sufren a causa de un trabajo esclavo, sufren por los dramas familiares, por las enfermedades... Sufren a causa de la guerra y del terrorismo, por culpa de los intereses que mueven las armas y dañan con ellas. Hombres y mujeres engañados, pisoteados en su dignidad, descartados... Jesús está en ellos, en cada uno de ellos, y con ese rostro desfigurado, con esa voz rota pide que se le mire, que se le reconozca, que se le ame

No es otro Jesús: es el mismo que entró en Jerusalén en medio de un ondear de ramos de palmas y de olivos. Es el mismo que fue clavado en la cruz y murió entre dos malhechores. No tenemos otro Señor fuera de él: Jesús, humilde Rey de justicia, de misericordia y de paz.

domingo, 5 de febrero de 2017

5º Domingo Tiempo Ordinario. "Luz del mundo" y "Sal de la tierra"



“Ustedes son la sal de la tierra”. Como es bien sabido, una de las funciones principales de la sal es sazonar, dar gusto y sabor a los alimentos. Esta imagen nos recuerda que, por el bautismo, todo nuestro ser ha sido profundamente transformado, porque ha sido "sazonado" con la vida nueva que viene de Cristo ( Rm. 6, 4). La sal por la que no se desvirtúa la identidad cristiana, incluso en un ambiente hondamente secularizado, es la gracia bautismal que nos ha regenerado, haciéndonos vivir en Cristo y concediendo la capacidad de responder a su llamada para "que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios" (Rm. 12, 1).

“Ustedes son la luz del mundo”. Para todos aquellos que al principio escucharon a Jesús, al igual que para nosotros, el símbolo de la luz evoca el deseo de verdad y la sed de llegar a la plenitud del conocimiento que están impresos en lo más íntimo de cada ser humano.

La luz de la cual Jesús nos habla en el Evangelio es la de la fe, don gratuito de Dios, que viene a iluminar el corazón y a dar claridad a la inteligencia: "Pues el mismo Dios que dijo: 'De las tinieblas brille la luz', ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que está en la faz de Cristo" (2 Co 4, 6). Por eso adquieren un relieve especial las palabras de Jesús cuando explica su identidad y su misión: "Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida" (Jn 8, 12).

domingo, 23 de octubre de 2016

Domingo XXX del Tiempo Ordinario - "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador."

Con una parábola Jesús nos enseña que hay dos maneras de rezar: una, hacer un monólogo con uno mismo y otra, abrir sinceramente el corazón a Dios. El fariseo se examina para ver todo lo bueno que es y hace. Enumera sus virtudes y sus buenas acciones, y lo que parece un agradecimiento a Dios es, en rigor, decirle que sobra y no lo necesita. Este hombre está convencido de que con sus propias fuerzas puede ser justo y ganarse el cielo. No contento con su auto complacencia, se proclama juez del prójimo a quien condena por lo que él considera malas conductas y pecados. Se cree muy cercano a Dios, casi en el mismo nivel. Lejos está de la humildad y de reconocer la propia situación y acusa a los demás de no hacer la voluntad de Dios, cuando él mismo está violando el mandamiento más importante: el del amor.
Su fe es una vivencia exterior de formas y cultura religiosa mientras cultiva la presunción y se encumbra en el propio egoísmo. Los evangelios en otros textos describen a estas personas como bonitos sepulcros, lindos por afuera pero llenos de putrefacción por dentro. A eso se puede reducir el hombre. La oración del publicano, hoy diríamos, un no practicante, es la apertura de su corazón a Dios no negando nada de lo que sucede en su interior y manifestándole que lo necesita, más que el oxígeno para respirar. Está convencido de su indignidad, tanto que ni levanta los ojos para dirigirse a Dios... No menciona a nadie más que a sí mismo. No se compara con nadie, se presenta desnudo de su egoísmo ante Dios. Esta es la oración que llega hasta el cielo, como la de los
leprosos, el ciego de nacimiento, la de Pedro pecador...La humildad que nos pide el evangelio es simplemente reconocer serenamente nuestra situación.
P. Aderico Dolzani,SSP

domingo, 16 de octubre de 2016

Domingo XXIX del Tiempo Ordinario - "Orar siempre sin desanimarse"

Para enseñarnos cómo rezar, el Señor nos manda a la escuela de una viuda pobre y abandonada. Para las situaciones límite a lo largo del evangelio, Jesús nos presenta a mujeres solas como ejemplos. La enferma que quería tocar su manto para sanar después de tantos años de sufrimiento, la viuda de Naín que iba a sepultar a su único hijo, la adúltera, la samaritana. Había un juez corrupto y una viuda que todos los días le rogaba que le hiciera justicia. No le exigía nada especial.
La dignidad de la mujer contra la inmoralidad del juez. La fortaleza femenina contra la prepotencia del poder abusador de los débiles.
El juez hizo justicia porque no soportaba que todos los días lo molestara...Con nuestra oración no molestamos a un juez inicuo, sino a Dios Padre. En la oración aprendemos a recibirlo todos los días como Padre. Cuando rezamos el Padre nuestro, en la primera parte, lo alabamos por lo que él es y su reino.
Le imploramos que haga su voluntad... Así se relaciona un hijo con su padre cuando están unidos por el vínculo del amor.¿Por qué tenemos que rezar siempre? No porque Dios tarda y queremos apurarlo, o para obtener lo imposible, o lo que nos interesa. Nuestra oración es infinita no porque Dios es sordo, sino porque él se da así mismo. No puede hacer otra cosa. Él es infinito, y nosotros necesitamos abrirnos a él todos los días y acordarnos de él varias veces al día.
¿No les sucede lo mismo a los enamorados? ¿O a una madre con los hijos lejanos? Debemos rezar para mantener siempre atentos los sentidos y abierto el corazón para escucharlo y recibirlo. Los injustos, como el juez, podemos ser nosotros, pero Dios será siempre insistente como la viuda.

P. Aderico Dolzani,SSP