domingo, 28 de agosto de 2016

Domingo XXII del Tiempo Ordinario - "Todo el que se ensalce, será humillado"

Jesús es invitado al banquete por uno de los fariseos más influyentes de la ciudad, que sabe que corre el riesgo de escuchar palabras duras de digerir, pero que puede demostrar a los otros comensales su influencia y poder, y darse el lujo de invitar a un huésped incómodo para algunos de sus amigos. Jesús sabe que lo observan y, al mismo tiempo, observa lo que sucede. Él ve cómo los invita dos compiten por los primeros puestos, pues para ellos lo importante es no ser menos que el otro y ser más considerado que los demás. Seguramente, él, invitado especial, ocupa uno de esos lugares y puede observar la escena desde un lugar de privilegio.
Mientras se acomodan los puestos según cómo lo dispone el dueño, o cómo los acaparan los prepotentes, Jesús propone otra lógica: elegir el último lugar. Este no es un sitio de castigo, normalmente es el lugar de Dios, el de Jesús, el de quien vino para servir y no para ser servido, el lugar de quien ama más que nadie y quiere hacer un lugar para los demás.
El que se coloca en el último lugar, recibe un tratamiento muy especial: lo llaman amigo.
Jesús se dirige también al dueño de casa para sugerir otra lógica al realizar una fiesta: organizar algo para quienes no pueden dar nada a cambio.
Nosotros tampoco salimos de la costumbre de invitar a los cuatro escalones sociales más cercanos: familia, parientes, amigos y vecinos importantes. Sabemos que ellos nos invitarán. Hay un tácito “te invito, y no me olvides cuando prepares algo”.
Haciendo lo que sugiere Jesús, el círculo de los cuatro grados se amplía, y entran personas de la comunidad, compañeros de trabajo, compañeros de infancia quizás en dificultades, enfermos a los que podemos levantarles el ánimo... Estos no podrán invitarnos, pero nos harán felices porque nos llenarán el corazón de sentimientos que, sin estos gestos, nunca experimentaríamos.
Para ser felices, hay que obrar como Dios, que ama sin hacer cálculos.
 P. Aderico Dolzani,SSP


miércoles, 24 de agosto de 2016

SAN LUIS REY DE FRANCIA PATRONO DE LA ORDEN FRANCISCANA SEGLAR (OFS)

Comprendió que todas las cosas de este mundo le pertenecen al rey del cielo. Supo cuidar del bien espiritual y temporal de sus súbditos.

Nació el año 1214. Subió al trono de Francia a la edad de veintidós años. De su matrimonio tuvo once hijos, a los que personalmente dio una excelente educación. Se distinguió por su espíritu de penitencia y oración, y por su amor a los pobres. En su manera de gobernar, se preocupó de la paz entre las naciones y del bien temporal y espiritual de sus súbditos. Promovió dos cruzadas para liberar el sepulcro de Cristo, y murió cerca de Cartago el 25 de agosto de 1270.

DEL TESTAMENTO ESPIRITUAL DE SAN LUIS A SU HIJO(Acta Sanctorum Augusti 5 [1868]1, 546)
Hijo amadísimo, lo primero que quiero enseñarte es que ames al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas; sin ello no hay salvación posible.
Hijo, debes guardarte de todo aquello que sabes que desagrada a Dios, esto es, de todo pecado mortal, de tal manera que has de estar dispuesto a sufrir toda clase de martirios antes que cometer un pecado mortal.
Además, si el Señor permite que te aflija alguna tribulación, debes soportarla generosamente y con acción de gracias, pensando que es para tu bien y que es posible que la hayas merecido. Y, si el Señor te concede prosperidad, debes darle gracias con humildad y vigilar que sea en detrimento tuyo, por vanagloria o por cualquier otro motivo, porque los dones de Dios no han de ser causa de que le ofendas.
Asiste, de buena gana y con devoción, al culto divino y, mientras estés en el templo, guarda recogida la mirada y no hables sin necesidad, sino ruega devotamente al Señor, con oración vocal o mental.
Ten piedad para con los pobres, desgraciados y afligidos, y ayúdalos y consuélalos según tus posibilidades. Da gracias a Dios por todos sus beneficios, y así te harás digno de recibir otros mayores. Para con tus súbditos, obra con toda rectitud y justicia, sin desviarte a la derecha ni a la izquierda; ponte siempre más del lado del pobre que del rico, hasta que averigües de qué lado está la razón. Pon la mayor diligencia en que todos tus súbditos vivan en paz y con justicia, sobre todo las personas eclesiásticas y religiosas.
Sé devoto y obediente a nuestra madre, la Iglesia romana, y al sumo pontífice, nuestro padre espiritual. Esfuérzate en alejar de tu territorio toda clase de pecado, principalmente la blasfemia y la herejía.
Hijo amadísimo, llegado al final, te doy toda la bendición que un padre amante puede dar a su hijo; que la santísima Trinidad y todos los santos te guarden de todo mal. Y que el Señor te dé la gracia de cumplir su voluntad, de tal manera que reciba de ti servicio y honor, y así, después de esta vida, los dos lleguemos a verlo, amarlo y alabarlo sin fin. Amén.


domingo, 21 de agosto de 2016

Domingo XXI del Tiempo Ordinario - "¿Son pocos los que se salvan?"

Es verdad que son pocos los que se salvan? ¿Cuántos se salvan? Ya en tiempos de Jesús esta pregunta daba vueltas en la cabeza de la gente. Jesús no responde con cifras ni porcentajes, sólo indica el camino de la salvación, como si nos dijera que no nos preocupemos por el número, sino por salvarnos. Y da algunos detalles importantes para lograrlo: la puerta de entrada es estrecha, o sea que no pasan los grandes; hay que hacerse pequeño, humilde. Al cielo: no llegan los que quieren merecerlo con la propia voluntad, sino los que se lo piden al Padre del cielo. El Padre, en el momento preciso, abrirá la puerta lo más que pueda, entonces será muy ancha para los pequeños. Al cielo no se puede llegar con equipajes, presunciones o por mérito propio, invocación de amistades, haber comido o bebido con el Señor o haberlo acompañado en los caminos, los templos y las plazas. Para el que llegue con estas excusas, la puerta será estrecha, y no podrá pasar. Por el contrario, la puerta será hermosa y grande para los que han recibido a Dios de mil formas al buscarlo sobre todas las cosas y confiar sólo en él. Para estos, él dará una gran fiesta en la que ya participan multitudes de Oriente y Occidente, ricos, pobres y gente de todas las razas y los pueblos de la tierra. Jesús enseña esto en el camino a Jerusalén, donde va precisamente para abrirnos la puerta a todos con su pasión y muerte. Al final de ese camino, prepara una cena a la que ha invitado a sus amigos con el fin de celebrar un memorial para la salvación de todos los hombres. Él quiere abrirnos la puerta, pero con la condición de no ir cargados de nuestro propio “yo”.Hoy Jesús te invita a vivir de manera tal que la puerta estrecha sea bella y ancha al final de tu camino.
P. Aderico Dolzani,SSP

domingo, 14 de agosto de 2016

Domingo XX del Tiempo Ordinario - "He Venido a Traer Fuego"

Con imágenes muy explícitas, el Señor pide a los suyos que se definan por él o en contra. No acepta entre los suyos personas de “medias tintas”.Muchas veces, la vida nos obliga a tomar decisiones: si estudiamos una carrera, es necesario renunciar a otras; cuando nos enamoramos de una persona, excluimos a las segundas; y si elegimos ser honestos, no podemos mentir ni ser parte de la corrupción. Una vez que optamos, se abre un camino que nos lleva a la vida o a la destrucción
La primera imagen que señala Jesús es el fuego que él vino a traer a la tierra y que significa luz, calor, transformación, purificación y pasión. En el hogar, es fraternidad, aceptación alegre del otro y presencia querida. En las iglesias, indica la presencia eucarística del Señor: en Pascua, el cirio nos recuerda que él está resucitado y vive entre nosotros. En el Bautismo, nos entregan un cirio encendido, símbolo de nuestra fe en el Señor, la que no debemos permitir que se apague a lo largo de la vida.
El Señor era como una llama de fuego que no dejaba a nadie indiferente. Sus enemigos hicieron todo lo posible para apagarlo hasta eliminarlo.
Otra imagen es el bautismo, que Jesús quería recibir, aunque se llenaba de angustia al pensar en él. Ya había sido bautizado en el Jordán, por lo tanto, cuando el Señor expresó esto, sus discípulos entendieron que hablaba de una prueba frente a sus enemigos y adversarios, y que esta vez iría hasta el final. Jesús vino con una misión del Padre y quiere cumplirla, por lo cual necesita recibir el bautismo de la tarea encomendada.
Con estas imágenes, Jesús indica que los que caminan con él no lo hacen de manera indiferente, indecisa, especuladora o tibia. Hoy saliste de tu casa para participar de esta eucaristía. El Señor quiere que vuelvas más apasionado por él y los tuyos, y le hagas un lugar en tu corazón y en tu hogar, aunque eso te cueste mucho.
P. Aderico Dolzani,SSP

jueves, 11 de agosto de 2016

CELEBRACIÓN EUCARISTICA POR LA FESTIVIDAD DE SANTA CLARA DE ASÍS LIMA -PERÚ 2016

FOTOS DE LA CELEBRACIÓN EUCARISTICA
FESTIVIDAD DE SANTA  CLARA DE ASÍS LIMA -PERÚ  2016


 La misa fue Presidida por Fr. Tomás Valencia Minaya OFM, de la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú.




domingo, 7 de agosto de 2016

LA PROMESA DE SAN FRANCISCO

El privilegio de la pobreza,
que has elegido de corazón;
es la corona que te embellece
y te configura con el Señor.


Yo te prometo, hermana Clara
y a tus hermanas de San Damián,
y en torno al mundo a todas tus hijas,
que nunca nada les faltará.

Tengan confianza, no tengan miedo,
no les asalte ningún temor;
pues siendo esposas de Jesucristo,
son también reinas de la creación.

Por ser ustedes las damas pobres,
vírgenes dadas a la oración;
cuentan con los hermanos menores,
para sustento y protección.

Es la promesa que yo, Francisco,
hago a la planta que yo sembré;
y por las mismas llagas de Cristo,
estoy seguro que cumpliré.

Domingo XIX del Tiempo Ordinario - "Estén prevenidos y preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada".

En el Evangelio, el Señor nos pide varias veces no tener miedo y, muchas otras, ser alegres y felices. Esto no se trata de una doctrina que aprender, sino una sabiduría divina para vivir, que requiere cambiar los criterios de vida de quien no conoce a Dios como Padre, como único Señor a quien servir y amar.Pensar, decidir y sentir que nuestro úni-co tesoro es el Papá del cielo, significa que todo lo demás es secundario y no merece que le dediquemos la vida. Nos impone una escala de valores materiales, de las relaciones humanas, de búsqueda de bienes espirituales...

Hoy Jesús nos define como un feliz y pequeño rebaño al que el Padre del cielo le ha dado el Reino. Podemos pensar que, como a Adán, Dios nos ha concedido este paraíso que es la tierra y nos ha dejado la administración total de todos los habitantes, los animales y la naturaleza.
Como dice la parábola, todo está en nuestras manos. Lamentablemente, creemos que no somos responsables de haber ensuciado este paraíso casi por completo, las relaciones humanas no son buenas y hay guerras y muerte.

Incluso, somos capaces de destruir nuestro paraíso antes de que el Señor vuelva. Dios es el gran ausente de su creación, y, si bien esto nos duele, es la garantía de nuestra libertad. Si Dios estuviera gestionando este mundo, le temeríamos como a un gran jefe infalible e implacable y no lo amaríamos como a un padre. Generalmente, pensamos que el regreso del Padre será como el fin del mundo, entonces lo asociamos con el miedo. Jesús, en cambio, nos enseña a esperarlo con alegría, porque, cuando llegue y nos encuentre administrando bien este paraíso y viviendo como hermanos, no nos sentará en el banquillo del juicio, sino en la mesa del banquete y será él mismo quien nos sirva. Dios no se muestra como el dueño de este mundo, que vuelve a pedirnos cuenta y al que tenemos que servir. Él nos pone a nosotros mismos en el sitio del dueño y él es el que nos sirve. Así es Dios Padre. A este Dios es al que quiero servir todos los días y las noches de mi vida, y a nadie más.

P. Aderico Dolzani, SSP.

domingo, 31 de julio de 2016

Domingo XVIII del Tiempo Ordinario - " Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos".

Una persona le pide a Jesús que sea juez entre él y su hermano en la división de su herencia. Esto significa que piensa que el Señor es justo y recto. Pero Jesús rechaza el pedido porque no vino para sustituir a los jueces o solucionar nuestros problemas. Sus palabras son luz para que encontremos el camino y capacitarnos para juzgar por nosotros mismos con justicia y caridad.
El Señor no vino para remplazar nuestra libertad de pensar y hacer, tampoco por razones de bien, sino para hacernos libres frente a nosotros mismos de nuestro egoísmo, e infundirnos la fuerza del Espíritu para elegir el bien por sobre toda tentación de corrupción. El pedido de ayuda para repartir una herencia da pie a Jesús para enseñarnos con una parábola a cómo comportarnos frente a los bienes de este mundo. Un hombre emprendedor, rico, sin nombre, aparentemente solo, tuvo una gran cosecha, tan abundante que no cabía en sus silos. Pensó que debía derribarlos para construir otros más grandes. Cuando puso todo en resguardo, se convenció de que había hecho algo muy bueno y entonces podía descansar. No obstante, le llegó el aviso de que esa misma noche partiría de la Tierra.

Jesús no dice que este hombre era una persona injusta, deshonesta, mala, pero sí lo define como necio porque ha hecho que todo su futuro y su vida dependiera de los bienes que llegó a acaparar. No se dio cuenta de que los bienes “prometen” colmar el corazón, pero que, en realidad, lo dejan vacío; que pueden “vendernos” una vida tranquila, pero no añaden un día a nuestra vida, pues de pan solo no vive el hombre. Ese hombre era rico, pero solitario; no había nadie a su alrededor, por eso era un pobre “de relaciones humanas y espirituales”, no tenía a nadie en el corazón fuera de sí mismo sus silos y su gran cosecha.
Vivió estúpidamente y dejó todo a quien no había trabajado. Cosechó la muerte que sembró en su vida. Los únicos bienes por los que merecemos vivir son Dios y los hermanos.
P. Aderico Dolzani, ssP.