viernes, 26 de agosto de 2011

ESPOSAS DE JESUCRISTO

Parte 4
Ave María Purísima:

Abadesas de gran coraje y de ejemplar vida religiosa fueron los pilares de este monasterio, que empapadas de la espiritualidad franciscana supieron afrontar las tempestades que les tocó vivir en su tiempo, no temiendo a las bombas de las revoluciones ni los cambios políticos de un gobierno que buscaba la expropiación de nuestros bienes o costumbres modernas que pudieran sacarnos de nuestro recogimiento u otros acontecimientos que a lo largo de la historia golpearon pero no derrumbaron los macizos adobes espirituales de hermanas convencidas que nada ni nadie pueda arrancarnos del amor de Cristo.
De Nuestra Madre Santa Clara se decía que: “se confesaba muchas veces, y recibía a menudo el santo sacramento del cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, mientras temblaba toda ella, cuando lo recibía”(Proc 2,11) y, de manera especial, derramaba muchas lágrimas cuando recibía el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo” (Proc 3,7) Es un punto que en nosotras debemos seguir reflexionando, porque ser clarisa es ser alma eucarística, que se llene de Él para saciar el hambre espiritual de muchos hermanos nuestros.
La hermana clarisa de Lima no sólo debe estar atenta a las necesidades del mundo para hacer oración sino insertada, de manera espiritual, en cada hombre que sufre, en esos otros Cristos que calladamente sufren el abandono y las crueles injusticias de una sociedad que da las espaldas a Dios y creyendo en sus propias fuerzas sin abandonarse a la ternura de un Padre o confiar en la misericordia Divina.
Son cuatro siglos de amor y de fe cuya llama jamás se extinguió. Nuestro Amado Esposo nunca nos abandona y con esa confianza nos entregamos a Él día a día. ¡Gracias Señor porque nos creaste! ¡Gracias Padre Eterno por tus misericordias! ¡Gracias Espíritu Santo por tus dones!. Y gracias a los sucesores de nuestro Padre Santo Toribio que continúan velando por nosotras; a nuestros hermanos franciscanos que a ejemplo de nuestro Seráfico Padre Francisco nos ayudaron y siguen ayudando no permitiendo que sus plantitas mueran; gracias a toda la familia franciscana que confía en nuestras oraciones, a nuestros bienhechores, amigos, familiares y en especial a nuestros padres que con dolor convertido en una inmensa alegría se desprendieron de sus hijas para que se dediquen al servicio completo de Dios.

El Señor nos bendiga.

Hermanas Clarisas de Lima.

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