sábado, 17 de febrero de 2018

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA


Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,12-15):
En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN
Lo primero que nos muestra Cristo es que la tentación no tiene nada de malo en sí misma. Hay una diferencia grandísima entre sentir la tentación y aceptar la tentación. Podemos sentir todas las tentaciones del mundo, pero si no las aceptamos no hay problema. Además, si las rechazamos por amor a Dios, la tentación se convierte en un momento valiosísimo. Podemos demostrarle que le preferimos a Él antes que a nosotros mismos.
Jesús vence las tentaciones del demonio porque prefería vivir la voluntad del Padre antes que la suya, porque buscaba la gloria del Padre sobre la suya, porque ponía los planes de Dios antes que los suyos.


miércoles, 14 de febrero de 2018

MIÉRCOLES DE CENIZA

 "Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará" (Mt 6, 4. 6. 18). Estas palabras de Jesús se dirigen a cada uno de nosotros al inicio del itinerario cuaresmal. Lo comenzamos con la imposición de la ceniza, austero gesto penitencial, muy arraigado en la tradición cristiana. Este gesto subraya la conciencia del hombre pecador ante la majestad y la santidad de Dios. Al mismo tiempo, manifiesta su disposición a acoger y traducir en decisiones concretas la adhesión al Evangelio.
   Son muy elocuentes las fórmulas que lo acompañan. La primera, tomada del libro del Génesis:  "Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás" (cf. Gn 3, 19), evoca la actual condición humana marcada por la caducidad y el límite. La segunda recoge las palabras evangélicas:  "Convertíos y creed el Evangelio" (Mc 1, 15), que constituyen una apremiante exhortación a cambiar de vida. Ambas fórmulas nos invitan a entrar en la Cuaresma con una actitud de escucha y de sincera conversión.
El Señor "ve en lo secreto", es decir, escruta el corazón. Los gestos externos de penitencia tienen valor si son expresión de una actitud interior, si manifiestan la firme voluntad de apartarse del mal y recorrer la senda del bien. 


domingo, 11 de febrero de 2018

VI SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO. "MAESTRO,SI QUIERES,PUEDES LIMPIARME"


Nadie hubiera pensado que curarse de la lepra fuera tan fácil. Lo único que precisó este enfermo, fue acercarse humildemente a Cristo y pedírselo. Él sabía que Cristo bien podía hacerlo. Además, cree con todo su corazón en la bondad del Maestro. Quizá por esto, es que se presenta tan tímido y sencillo a la vez: "Maestro, si quieres, puedes limpiarme". La actitud denota no sólo humildad y respeto, revela además, confianza...
La vida de muchas personas, y a veces la nuestra, se ve llena de enfermedades y males, sucesos indeseados y problemas de todos los tipos, que nos podrían orillar a perder la confianza en el Maestro, Buen Pastor. Quizá alguna vez, hemos pensado que Él nos ha dejado, que ya no está con nosotros; pues sentimos que nuestra pequeña barca ha comenzado a naufragar en el mar de la vida... Pero de esta forma, olvidamos que el primero en probar el sufrimiento y la soledad fue Él mismo, mientras padecía su muerte en la cruz. Y así, nos quiso enseñar que Dios siempre sabe sacar bienes de males, pues por esa muerte ignominiosa, nos vino la Redención.
La lección de confiar en Cristo y en su infinita bondad, no es esperar que nos quitará todos los sufrimientos de nuestras vidas. Sino que nos ayudará a saber llevarlos, para la purificación de nuestra alma, en beneficio de toda la Iglesia.
 P Juan Pablo Menéndez

sábado, 3 de febrero de 2018

V SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO. JESÚS “ TODO EL MUNDO TE BUSCA”

El Señor vino para sanarnos.
Es curioso, pero la acogida que Jesús recibía en las casas era mejor que en la propia sinagoga. Jesús se hallaba en tensión entre las demandas de quienes lo consideraban un “milagrero” y las de quienes lo buscaban con sincero desinterés.La necesidad de aliviar la fiebre de la suegra de Pedro era un signo más de qué era lo que se esperaba de él. En aquella época, la fiebre era considerada como algo demoníaco que dejaba inactivas a las personas. Por eso, las sanaciones no pasaban inadvertidas. El Señor procuró que su condición de Hijo de Dios se manifestara por su capacidad de obrar milagros, pero sobre todo en el sacrificio de la Cruz.
En medio de su popularidad, Jesús mostraba su preocupación por el bien del otro y no se desesperaba, agobiaba o desequilibraba ante tales demandas. Él, con paciencia, amor y misericordia, acogía a la gente con sus penas e impotencias, para sanarla de toda dolencia. no todos veían esto de buena forma, por lo que cuestionaban su actuar: “¿Jesús cura en sábado?”. Se suponía que la Ley servía para la liberación, pero se convirtió en la anulación de la libertad.

Jesús sanó fuera de la sinagoga, lo cual contrariaba la Ley, que instituía como garante a la Palabra de Dios para que diera vida al ser enseñada. Cuando Jesús tocó a una mujer enferma, superó el prejuicio de género e impureza ritual. Es decir, el Señor enseñaba exhibiendo una imagen correcta de Dios, que no castiga ni envía enfermedades.
una vez que Jesús realizaba un milagro o signo, se retiraba para estar a solas con el Padre. no deseaba que lo aclamaran; al contrario, vencía la tentación de la popularidad con la fuerza de la oración, porque entendía que todo lo que hacía era para mostrar de manera ejemplar el poder del amor de Dios, y no otra cosa.
P. Fredy Peña Tobar, ssP