domingo, 2 de octubre de 2016

OCTAVO DÍA DE NOVENA A FRANCISCO: "Francisco y el Evangelio"

Para ser santo, es preciso ser humano; para ser humano, es preciso ser sensible y tierno. Y, precisamente, en su ternura hacia todas las criaturas y su sensibilidad frente a la debilidad humana,  radica la santidad de Francisco de Asís.

 Estudiar la vida de Francisco es estudiar el evangelio viviente y puesto en práctica, lo acusaron de ser "utópico", irrealista, ¡Gracias a Dios que sí! Porque solamente aquel que desea lo que parece imposible para los hombres acaba por lograr lo que si es posible con Dios. Para muchos de nosotros, el evangelio está propuesto como un ideal, para Francisco fue una forma de vida, una exigencia.
Podemos resumir todo lo que significa la vida y la presencia de Francisco de Asís en la historia en una sola palabra: ternura. Pero "ternura" más que una palabra hablada es una práctica de vida que no solamente capta la esencia misma de Francisco, sino se espera, de toda la familia franciscana en el mundo hoy. La ternura, más que un sentimiento, es la capacidad de identificarse con el dolor y sufrimiento de otros; es la capacidad de hacer latir el corazón con el pulso del otro y es nuestra respuesta al amor que Dios tiene hacia todas sus criaturas.

Francisco, siendo joven, no tuvo miedo de la grandeza a la que Dios lo llamaba. “¡Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica!”, decía el santo.
 
Nuestro mundo muchas veces enseña a los hombres a vivir como lobos, los uno contra los otros. El amor que nace del Evangelio vence los “lobos” de este mundo, como hizo Francisco, que no tuvo miedo de ir hacia quien era considerado como un lobo.

El mejor homenaje que podemos ofrecer para honrar a Nuestro Padre, Francisco, en todos los tiempos, es, hacer lo que él hizo - creer en la palabra de Dios y ponerla en práctica; ser sacramentos vivos de los valores del Reino, hacer de nuestra vida una escenificaciones del evangelio y los bienaventuranzas, para que desde nuestro testimonio vayamos construyendo, dentro de este mundo, el Reino de Justicia, de Paz y de Amor.



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